En un artículo publicado ayer en este diario, el economista Jorge Mattar ofrece lecciones relevantes para la economía dominicana. Su análisis contrasta el pobre desempeño de América Latina con el de varias economías asiáticas y sostiene que los países con mayores tasas de inversión generalmente han registrado un mayor crecimiento. La experiencia confirma la importancia de la formación de capital para ampliar la capacidad productiva y sostener el crecimiento a largo plazo.
En el caso dominicano, gran parte del crecimiento de las últimas décadas está asociado con tasas de inversión relativamente altas en el contexto latinoamericano. Actualmente, mantener ese ritmo plantea dificultades. La inversión pública ha perdido peso y recuperarlo es difícil en las condiciones fiscales actuales: la baja presión fiscal, los compromisos de gasto actuales difíciles de modificar y un peso creciente de los intereses de la deuda dejan pocos recursos para destinar a obra pública. Una vez más, la discusión sobre el crecimiento acaba pasando por el rincón fiscal.
El inversión privada ofrece una perspectiva más favorable, en parte porque el país continúa atrayendo capital extranjero. Sin embargo, sostener y ampliar las inversiones requiere abordar obstáculos que encarecen la producción y reducen su rentabilidad. La calidad de los servicios públicos, la disponibilidad de trabajadores calificados, la seguridad jurídica y la previsibilidad de las decisiones gubernamentales serán decisivas para sostener y ampliar la inversión en los próximos años.
Por supuesto, invertir más es necesario, pero también hay que cuidar la calidad de la inversión. En la esfera pública, esto significa seleccionar proyectos para sus beneficios económicos y socialesy asegurar su buena ejecución y mantenimiento. En el sector privado, significa crear condiciones que favorezcan inversiones que incorporen tecnología y generen mejores empleos. Nuestro crecimiento y bienestar en los años venideros dependen de esas dos tareas. Estamos avanzando en ambos; En ambos todavía queda mucho por hacer.


