Como expusimos en la entrega anterior, la desinformación ha viajado de manera constante e imponente por todos los sectores y estratos sociales de la sociedad actual, su presencia viaja con el ciudadano a todos los espacios en los que este último está presente sin tomar en cuenta edad, credo, raza, actividad económica. Su presencia cotidiana es resultado del uso inadecuado de una parte importante de las redes sociales que amplían geométricamente su alcance y cuyos mensajes encuentran en herramientas cada vez más avanzadas el fortalecimiento del fenómeno de la desinformación.
El intervención estatal Es necesario trazar lineamientos, dada su naturaleza, que permitan construir un programa consensuado con todos los sectores de la vida nacional que permita reducir el impacto de la desinformación. Todo el sector educativo, como espacio por excelencia donde se concentra la mayor cantidad de ciudadanos en formación desde sus más diversas modalidades, debe unir voluntades para educar y orientar a los estudiantes en relación al proceso de desinformación que crece en el tiempo.
El hogar, la familia, debe convertirse en soporte del trabajo que deben realizar las principales instituciones del Estado, de carácter privado y religioso.
Eliminar el efectos negativos de la desinformación Es imposible, pero entendemos que existen posibles acciones que contribuyan a su reducción, ¿y cuáles?:
1. Enmarcado en una política educativa pública llevada rigurosamente donde debe intervenir el gobierno central, fundamentalmente aquellas instituciones vinculadas a la tecnología (caso específico Indotel, ITLA, Mecyt, etc.) y centros educativos, desde el nivel primario hasta el nivel técnico y superior, acompañado de un instrumento de trabajo que tiene como contenido un programa de orientación donde niños, niñas, adolescentes y adultos reciben las instrucciones que les permitan generar un proceso de concientización sobre la presencia de información errónea y su especial tratamiento dado el impacto de sus efectos en toda la sociedad, particularmente en niños y adolescentes, población que por su inexperiencia se convierte en un blanco vulnerable.
2. Participación de la familia, el hogar, los padres en vínculo con los educadores, permitiendo fortalecer la conciencia de los niños sobre el problema en cuestión.
3. Las organizaciones identificadas como sociedad civil tienen un papel importante que desempeñar en el proceso de enfrentamiento a la desinformación; Sus acciones abarcan gran parte del territorio donde operan, vinculando a la ciudadanía y las instituciones estatales y privadas.
4. Empresas privadas que cubran el quehacer económico-financiero y tecnológico de la nación (comercio, banca, etc.).
5. Los medios de comunicación en sus diversas versiones (tradicionales y virtuales), que como consecuencia de su presencia en la comunidad, deben contribuir significativamente a la lucha contra la desinformación.
Entendemos que, aplicando las decisiones anteriores, es posible reducir significativamente el proceso de desinformación, entendiendo la imposibilidad de eliminar radicalmente su presencia. (Investigador colaborador, Rafael de la Rosa).


