spot_img
26.7 C
Santo Domingo
jueves, septiembre 3, 2026
spot_img

Ejemplo de un rector que no abandona las aulas

Deberías Leer

Los cargos se desempeñan por un período, pero la vocación no tiene plazos. Esta diferencia explica por qué la Dr. Jorge Asjana Davidrector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), continúa asistiendo a las aulas para impartir Semiología Quirúrgica y Anatomía de Cabeza y Cuello, pese a las responsabilidades que implica dirigir la Primada de América.

No es un gesto simbólico ni una fotografía de ocasión. Es algo que no debe pasarse por alto: dirigir una institución académica y enseñar no son expresiones excluyentes, sino fehacientes, de un compromiso.

El itinerario de la Dra. Asjana David como docente no comenzó con su elección como rectora ni terminará cuando finalice su mandato. Se remonta a finales de 1979, cuando se incorpora como monitor, a una carrera que hoy incluye décadas de aula, bisturí y pizarra.

Esta continuidad importa porque cuestiona una idea que gravita en el imaginario social: que los puestos directivos son incompatibles con la práctica docente. Sin embargo, el rector de la UASD demuestra, con su ejemplo, la invalidez de ese argumento.

En un país donde la educación superior enfrenta desafíos estructurales que van desde la calidad de la formación docente hasta la brecha entre la universidad y las demandas del mercado laboral, que la máxima autoridad del UASD Elegir permanecer en el aula envía una señal que trasciende lo anecdótico.

Es el tipo de liderazgo académico que se necesita: uno que no se limite a gestionar presupuestos, firmar resoluciones o representar a la institución en eventos formales, sino que siga tomando el pulso a la educación universitaria desde el lugar donde realmente ocurre: el aula.

Los estudiantes de medicina que hoy reciben una cátedra de la Dra. Asjana David no están aprendiendo semiología o anatomía únicamente. Son testigos de que la máxima autoridad académica de su universidad considera que la docencia sigue siendo una tarea esencial. Este mensaje formativo y trascendente no se enseña en ningún programa de estudio.

Ahora bien, este gesto no debe leerse únicamente en términos de reconocimiento individual. Invita a una pregunta más amplia: ¿Cuántos de quienes ocupan puestos de liderazgo en nuestras universidades públicas y privadas mantienen viva su práctica docente o se han distanciado por completo de las aulas una vez que asumen funciones administrativas? Sospecho que la respuesta no es alentadora.

La gestión universitaria dominicana tiende a premiar la progresiva desconexión de la docencia a medida que se asciende en la jerarquía institucional, cuando debería ser exactamente lo contrario: quienes deciden el rumbo de una universidad deben conocer de primera mano las realidades del proceso de enseñanza-aprendizaje que dicen liderar.

Con razón se ha dicho que la vocación de ser docente no tiene fecha de caducidad, pues es una tarea que dura toda la vida. El caso de la Dra. Asjana David ilustra esa afirmación con hechos, no con retórica. En tiempos donde gran parte del discurso sobre educación superior se agota en cifras, matrículas, rankings o anuncios de infraestructura, vale la pena detenerse en gestos que hablan de lo que significa una universidad: la construcción de conocimiento sostenido por quienes, incluso desde lo más alto de la jerarquía institucional, no han olvidado sus orígenes.

El Primacía de América Tiene un rector que no ha abandonado su razón de ser: profesor de generaciones de Medicina y reconocido cirujano.

Una combinación inusual que merece ser resaltada no sólo en notas de prensa, sino en testimonios que nos inspiran a reflexionar sobre lo que representa el liderazgo académico, uno de los factores claves de éxito que la educación superior debe sembrar y cosechar en beneficio de la sociedad dominicana.

(El autor es profesor y director de Relaciones Públicas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo).

- Advertisement -spot_img

Otros Artículos

- Advertisement -spot_img

Últimas Noticias