El luchar por la tierra Tiene una larga historia en República Dominicana, marcada por el liderazgo de hombres y mujeres campesinos que dedicaron su vida a promover la distribución equitativa de este recurso, enfrentando a los grandes terratenientes. Esto es lo que pasó con Mamá Tingó durante la década de 1970. Su legado sigue vivo en las mujeres campesinas que se organizan a través de diferentes asociaciones, federaciones y en el Confederación Nacional de Mujeres Campesinas (Conamuca).
Actualmente, en diferentes puntos del país esta lucha continúa y está ligada a la búsqueda de seguridad alimentaria a partir de la producción local afectada por el aumento de las importaciones.
Una de las comunidades con una larga trayectoria de lucha por el bienestar colectivo es Semana Santa, ubicada en el municipio de Yagüate. Hay un campamento de aproximadamente 400 campesinos que exigen al Estado y al IAD cumplir con la entrega de diversas faenas de tierras correspondientes a asentamientos agrarios.
Los asentamientos agrarios en Yagüate surgieron de las políticas de reforma agraria del país, encaminadas a entregar parcelas de tierra a campesinos, estas han contribuido al desarrollo de comunidades rurales dedicadas principalmente a la producción agrícola y al fortalecimiento de la economía local.
Esta lucha es organizada por hombres y mujeres pertenecientes a la asociación campesina de Semana Santa con predominio de campesinas integrantes de la Federación de Mujeres Campesinas de Yagüate.
El liderazgo femenino ha favorecido la promoción de prácticas vinculadas a nuestras raíces afrodescendientes y al legado impulsado por Mamá Tingó en Hato Viejo durante la década de 1970. Entre ellos destacan los siguientes:
Establecimiento de un campamento en las tierras en lucha, donde 400 hombres y mujeres campesinos permanecen en vigilia a través de actividades comunitarias colaborativas.
Creación de una cooperativa como estructura administrativa interna en el campamento.
Sistema de autogestión basado en la recaudación de fondos de la población organizada para cubrir gastos legales y garantizar el mantenimiento del campamento.
Este movimiento tiene un carácter y sistema de gestión colectivo conformado por 400 familias articuladas principalmente por mujeres con capacidad de liderazgo, empoderamiento y coordinación comunitaria. Su papel es fundamental para fortalecer los tejidos sociales de Semana Santadonde actúan como ejes articuladores de la organización local.
La movilización del campesinado en el país tiende a invisibilizarse, como ha sucedido con este movimiento que tiene un peso importante en sus demandas. La defensa de la tierra como bien colectivo representa una ruptura con los procesos de apropiación de uno de los recursos esenciales para la sostenibilidad de la vida y el desarrollo de las comunidades.


