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sábado, octubre 31, 2026
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MIA ¡El cuento de los mangos bajitos!

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«Herminio», dice Píndaro, «mira qué bien se ha conservado esta mecedora en todos estos años… En ella se ha sentado un selecto grupo de pensadores que hace un tiempo descubrieron cómo pelar mangos cortos y se han atrevido a formular ideas creativas que los consagraron como formuladores de teorías sobre la realidad de la inteligencia.»… «¿Entonces esa mecedora sigue ahí para nosotros?» pregunta Píndaro, a lo que Herminio toma la palabra y expresa: “Sí… Estaban ahí Alfredo Binetquien hoy es conocido por haber creado la primera escala para medir la inteligencia-; William Stern, que relacionó la edad mental con la edad cronológica; Raymond Cattell, quien propuso que nuestra capacidad intelectual se configura como dos tipos de inteligencia: la inteligencia fluida, que corresponde al razonamiento y la capacidad de adaptarnos a nuevas situaciones sin que el aprendizaje influya en nuestras acciones, y la inteligencia cristalizada, que tiene que ver con la capacidad de aplicar nuestros conocimientos aprendidos; Philip Vernon, -quien sostuvo que la inteligencia se basa en las actividades específicas que realizamos y que dan lugar a la inteligencia general; Louis Leon Thurstone, que no creía en un factor general de inteligencia sino más bien en que factores relacionados causan la forma en que afrontamos las demandas del entorno; Joy Pol Guilfordrelacionando la inteligencia con la creatividad y el pensamiento divergente-; Robert Sternberg, quien propone tres tipos de inteligencia: la analítica, que para él es la inteligencia tradicional, la inteligencia práctica, que nos permite el comportamiento que consideramos más adecuado en función de nuestras necesidades y recursos disponibles, y la inteligencia creativa, que nos permite ser novedosos a través de lo que hemos adquirido durante nuestra vida; Howard Gardner, cuya idea es que sólo hay una inteligencia y que se puede medir mediante el coeficiente intelectual; y, más recientemente, Daniel Colemanque percibe la inteligencia como aquello que nos permite identificar, gestionar, modificar y manipular nuestras emociones y las de los demás-‘.

Píndar le interrumpe y exclama: «¡Se te olvida que hoy también hablamos de Inteligencia Social!»… Herminio, que va más allá de ‘querer endulzar la pastilla’, comenta: «Es precisamente en esa mecedora donde todos han querido dejarnos el convencimiento de que nuestra inteligencia es la capacidad que tenemos de adaptarnos a nuestro entorno, gracias a lo que sabemos… Desgraciadamente -añade-, hoy cada uno de nosotros hemos sido víctimas de tener que poner nuestro conocimiento a disposición de una tecnología que, sin darse cuenta, nos está robando nuestra privacidad intelectual para, supuestamente, devolvérnosla bajo un manto de generalidad que, junto con el aporte que puedan obtener, mucho o poco, de los demás, debe ayudarnos a resolver problemas que, durante años, han sido los que nos han permitido ‘sentarnos en nuestra mecedora’ y sentirnos autorrealizados”… “Hoy nos están poniendo en bandeja de plata la ya famosa ‘inteligencia artificial’, que no es más que una fuente de algoritmos y datos que se están nacen, a cada momento, en nosotros mismos y que sirven para hacernos creer en un futuro encriptado de tal manera que nos adaptamos ‘para colaborar’ con un sistema que se dice funciona plenamente… Esto me recuerda, reflexiona Herminio, a aquellos espejitos utilizados por los conquistadores para engañar a los nativos de la época… Ya hoy, el Foro Mundial ha dado la alarma de que, en 2030, el 30% de las tareas actuales serán realizadas por lo que llaman ‘sistemas inteligentes’, mientras todos aprovechamos ‘los mangos cortos’, nos entretenemos’ y nos chupamos los dedos mientras nos dicen que los roles que prevalecerán serán los que exigen pensamiento crítico, empatía, creatividad y juicio moral…Si no recuerdo mal, esos son los tres factores que, a lo largo del tiempo, menos han estado presentes en gran parte de nuestra población”.

Píndaro, siempre alerta, exclama: «¿Por qué seguimos estando cómodos y sólo nos sentamos en la mecedora para que, mientras agarramos los mangos bajos, dejamos caer la ropa y, al mismo tiempo, proclamamos que estamos ante lo mejor del momento porque nos permite hacer todo de la manera más fácil?… ¿Por qué no contribuimos un poco a nuestro entorno y fomentamos, con nuestras ideas, que los problemas tengan nuestro propio sello aunque hagamos uso -como se ha hecho a lo largo de los años- de las facilidades que ofrece la tecnología? ¿Nosotros?… ¡Es hora de que, en cada paso que demos utilizando lo que hace tiempo es nuestro, hagamos uso de nuestra inteligencia y tengamos la capacidad de crear MIA!’… ¡Mi Inteligencia Artificial!

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