En nuestro país, desde la antigüedad, ha existido, salvo excepciones, una clase política que aspira al poder con el objetivo de solucionar, de por vida, sus problemas económicos y los de sus familiares y amigos. Es un mal que ha hecho mucho daño al país y que, a pesar del celo de algunos gobernantes, sigue constituyendo un mal que hay que atender. someterse a la justicia a quienes, amparados por el poder político de un cargo o su cercanía al gobernante en el poder, creen que pueden hacer y deshacer sin consecuencias.
En ese sentido, es justo reconocer la valentía y responsabilidad que ha demostrado el presidente Luis Abinader frente a sus relaciones políticas e incluso personales, al contrario de otros expresidentes que hicieron la vista gorda ante los desmanes de sus familiares y amigos que convertían en botín los recursos del tesoro mientras las autoridades supervisoras de la gestión de los fondos públicos miraban para otro lado.
Luis Abinader tendrá que retirarse del poder con altos niveles de aceptación, cuidando celosamente, hasta el último minuto de su gestión, el patrimonio público frente a funcionarios que pretenden hacer fiesta con el dinero del pueblo antes y durante el período de transición.


