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lunes, noviembre 2, 2026
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La igualación de las economías del primer mundo y el progreso notorio de las emergentes

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En las últimas décadas, la economía global ha experimentado cambios significativos en la distribución de la producción, el comercio y los flujos internacionales de capital. Algunas economías emergentes han logrado reducir parte de la distancia que las separaba de los países avanzados, gracias a la industrialización, la inversión extranjera, la expansión de los mercados internos, la incorporación tecnológica y una mayor participación en las cadenas globales de valor.

Sin embargo, hablar de una equiparación entre el primer mundo y las economías emergentes requiere ciertas aclaraciones. La aproximación de las tasas de crecimiento no significa necesariamente que hayan desaparecido las diferencias en el ingreso per cápita, la productividad laboral, la calidad institucional, la infraestructura, la capacidad científica o la protección social.

El fenómeno debe analizarse como un proceso de convergencia económica que avanza a diferentes velocidades. Si bien algunas economías asiáticas han logrado profundas transformaciones productivas, muchos países de América Latina, África y otras regiones siguen viéndose afectados por una productividad insuficiente, la dependencia de las materias primas, la informalidad laboral y las restricciones fiscales.

La cuestión central no es sólo qué países crecen más, sino cuáles logran transformar ese crecimiento en mayores ingresos reales, empleos de calidad, servicios públicos eficientes y una reducción sostenida de la pobreza.

ECONOMÍAS AVANZADAS Y LOS LÍMITES DE SU CRECIMIENTO

Estados Unidos, Alemania, Francia y Japón representan diferentes modalidades de desarrollo avanzado. Sus economías cuentan con mercados financieros profundos, capital humano especializado, infraestructura desarrollada y empresas capaces de producir bienes y servicios con alto valor agregado.

Sin embargo, enfrentan dificultades considerables: envejecimiento demográfico, elevados compromisos fiscales, mayores necesidades de gasto en pensiones y salud, tensiones comerciales y costosas transiciones energéticas. En algunos de ellos, el bajo crecimiento de la productividad y el aumento de las tasas de interés de la deuda pública limitan el margen de maniobra de los gobiernos.

La deuda merece una atención especial. El Fondo Monetario Internacional proyectó en sus análisis fiscales de 2026 que la deuda pública bruta global seguiría aumentando en los próximos años. En su escenario base, la deuda global alcanzaría aproximadamente el 100% del producto interno bruto en 2029 y superaría ese nivel en 2030. Las economías avanzadas tienen una carga promedio significativamente mayor que las economías emergentes.

Estas cifras no implican que todos los países avanzados se encuentren en una situación fiscal similar. Estados Unidos, Japón, Alemania y Francia tienen diferentes estructuras de financiación, monedas, mercados de bonos y capacidades fiscales. Por tanto, la sostenibilidad de su deuda no puede determinarse exclusivamente por la relación entre deuda y PIB.

EL PROGRESO DE LAS ECONOMÍAS EMERGENTES

Las economías emergentes han ampliado su participación en la producción global, el comercio manufacturero y los servicios tecnológicos. China es el caso más significativo por la magnitud de su transformación industrial, sus inversiones en infraestructuras y su posición en numerosas cadenas de suministro internacionales. India, por su parte, ha fortalecido los servicios digitales, la industria farmacéutica y determinadas actividades manufactureras.

En América Latina, Brasil y México tienen importantes mercados internos y bases productivas diversificadas, mientras que Chile ha desarrollado una estructura exportadora vinculada a recursos naturales y ciertos servicios. Sin embargo, la región aún enfrenta dificultades para aumentar la productividad, aumentar la inversión y superar las brechas en educación, innovación e infraestructura.

La convergencia tampoco es automática. Cuando una economía depende de la exportación de productos básicos, un aumento de los precios internacionales puede mejorar temporalmente sus ingresos, pero no garantiza un aumento duradero de la productividad. Asimismo, la entrada de capital extranjero puede impulsar el crecimiento, aunque sus beneficios dependerán de la transferencia de tecnología, los vínculos con empresas nacionales y la creación de empleos de calidad.

Para avanzar hacia los niveles de desarrollo de las economías más productivas, los países emergentes necesitan fortalecer sus instituciones, ampliar la educación técnica, aumentar la inversión pública eficiente y crear condiciones que favorezcan la innovación empresarial. El objetivo debe ser pasar de una expansión basada en bajos salarios y recursos naturales a una basada en el conocimiento, la tecnología y un mayor valor agregado.

DEUDA EXTERNA: COMPARACIÓN ENTRE ECONOMÍAS AVANZADAS Y EMERGENTES

La deuda externa incluye las obligaciones de los residentes de un país hacia los acreedores no residentes. Puede incluir deuda pública, obligaciones de bancos y empresas y otros instrumentos financieros. Por tanto, no debe confundirse con la deuda externa del gobierno.

Para una comparación internacional rigurosa, se propone utilizar a Estados Unidos, Japón y Alemania como economías avanzadas, y a China, India, Brasil y México como economías emergentes. El principal indicador debería ser el saldo total de la deuda externa como porcentaje del PIB, complementado por su monto en dólares y el servicio anual de la deuda.

La comparación nos permite hacer una distinción esencial: una deuda externa elevada no constituye en sí misma un signo inequívoco de crisis. La moneda de denominación, los vencimientos, el costo financiero, las reservas internacionales, los ingresos por exportaciones y la composición de los acreedores son importantes.

Un país con mercados financieros profundos y una moneda ampliamente utilizada en operaciones internacionales puede tener mayor capacidad de financiamiento que otro con relativamente menos deuda pero insuficientes ingresos en divisas. Por lo tanto, la exposición cambiaria y la capacidad de generar divisas son tan relevantes como el volumen total adeudado.

LA DEUDA INTERNA Y EL MARGEN DE ACCIÓN DE LOS GOBIERNOS

La deuda interna es aquella que está en manos de acreedores residentes, aunque su clasificación estadística puede variar dependiendo de la residencia del tenedor, la moneda y la metodología utilizada. Incluye títulos públicos adquiridos por bancos, fondos de pensiones, aseguradoras, empresas y particulares.

Un mercado de deuda nacional desarrollado permite financiar infraestructura y distribuir los vencimientos en el tiempo. Sin embargo, cuando el Estado absorbe una proporción excesiva del ahorro disponible, puede encarecer el crédito a las empresas y restringir la inversión privada. También pueden surgir riesgos cuando los bancos concentran una alta proporción de sus activos en títulos públicos.

Deuda pública interna y externa

Para comparar la estructura de financiación de los mismos siete países se deben utilizar datos de deuda de los gobiernos generales, separando la deuda según la residencia del acreedor y manteniendo la misma metodología.

La distinción es particularmente importante para los países emergentes. La deuda emitida en moneda nacional reduce la exposición directa del gobierno al tipo de cambio, pero no elimina los riesgos de refinanciamiento, el aumento de las tasas de interés o las pérdidas potenciales para los tenedores de bonos.

La deuda en moneda extranjera, por otra parte, puede encarecerse en términos de moneda nacional cuando se produce una depreciación. Si, además, coinciden un crecimiento débil, tasas internacionales más altas y menores ingresos por exportaciones, el servicio de la deuda puede absorber recursos que de otro modo se asignarían a educación, salud e inversión productiva.

PRINCIPALES VARIABLES MACROECONÓMICAS COMPARADAS

Los avances hacia la convergencia deben evaluarse mediante un conjunto de indicadores, no sólo el crecimiento del PIB. Para los siete países seleccionados, se recomienda utilizar el último año completo disponible y presentar las proyecciones para 2026 por separado.

Esto debería permitir identificar qué economías están avanzando más rápidamente, cuáles han logrado estabilizar los precios y cuáles convierten mejor la inversión en productividad. También ayudaría a distinguir entre el crecimiento impulsado por el consumo y el crédito y el respaldado por la inversión, la innovación y las exportaciones de alto valor agregado.

RIESGOS FINANCIEROS INTERNACIONALES Y OPORTUNIDADES DE CONVERGENCIA

El entorno internacional condiciona la trayectoria de ambos grupos de países. Los conflictos geopolíticos, las fluctuaciones del petróleo, los cambios en las tasas de interés y la reorganización comercial pueden perturbar los flujos de capital y aumentar el costo del financiamiento.

En octubre de 2026, los organismos financieros internacionales advirtieron sobre la combinación de altos niveles de deuda, presiones energéticas e incertidumbre económica. Estas condiciones pueden afectar tanto a los países avanzados como a los emergentes, aunque sus consecuencias difieren según la fortaleza fiscal, las reservas internacionales y la capacidad de acceder a los mercados.

Los movimientos de capital constituyen otro factor decisivo. Cuando las tasas de interés aumentan en las principales economías, los inversores pueden desviar recursos hacia activos considerados más seguros. Esta salida de capital puede ejercer presión sobre las monedas emergentes, aumentar las primas de riesgo y encarecer la refinanciación de la deuda.

La respuesta no debería ser cerrar economías indiscriminadamente o depender permanentemente de la deuda. Es preferible desarrollar los mercados financieros nacionales, ampliar la base exportadora, atraer inversión extranjera directa a largo plazo y mantener políticas fiscales y monetarias creíbles.

La inteligencia artificial y la transición energética abren nuevas oportunidades, pero también pueden profundizar las diferencias. Las economías que tengan capital humano, electricidad confiable, conectividad e instituciones capaces de facilitar la innovación estarán mejor posicionadas para aprovechar estas transformaciones. Aquellos que no inviertan en esas áreas podrían quedarse atrás, incluso si mantienen tasas de crecimiento relativamente favorables.

CONCLUSIÓN

La convergencia entre las economías avanzadas y emergentes es posible, pero no es un resultado inevitable. El crecimiento de países como China e India demuestra que las diferencias en ingresos y capacidad productiva pueden reducirse mediante inversión sostenida, educación, innovación e integración comercial. Sin embargo, la elevada deuda, los costos financieros y las brechas de productividad continúan limitando las posibilidades de muchos países.

La prioridad de las economías emergentes debe ser transformar el crecimiento en desarrollo duradero: aumentar la productividad, fortalecer las finanzas públicas, gestionar con prudencia la deuda interna y externa y distribuir mejor los beneficios de la expansión económica. La verdadera equiparación no consiste en acumular deuda o registrar incrementos temporales del PIB, sino en acercar de manera sostenida los niveles de ingreso real, oportunidades, tecnología y bienestar de la población.

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