Nueva York, EE.UU.- Mucho antes de radicarse en Nueva York y convertir el tatuaje en un negocio formal, Miguel Banks ya había dejado su arte en la piel de reconocidas figuras de la música urbana dominicana.
Lápiz Conciente, Mozart La Para, Vakeró y Arcángel “La Maravilla” se encuentran entre los artistas que pasaron por sus manos cuando comenzó a construir su carrera.
Banks recuerda aquellos años como un periodo muy ligado al movimiento urbanístico.
…mucho antes
Conoció a Arcángel porque el cantante tenía familiares en la zona donde vivía. Esa cercanía dio origen a una relación profesional que continuó años después en Estados Unidos, donde volvió a tatuarlo. También trabajó con Musicólogo.
Sin embargo, su historia comenzó mucho antes de involucrarse con artistas famosos, cuando era apenas un adolescente curioso en Santiago.
Desde pequeño Banks mostró interés por aprender diferentes oficios. Reparaba bicicletas, visitaba talleres y buscaba constantemente nuevas actividades.
Su introducción al tatuaje se produjo tras observar una escena de la serie de televisión Oz, en la que aparecía una máquina de tatuar.
Aquella imagen despertó una curiosidad que acabaría convirtiéndose en su profesión años después.
Con tan solo 13 o 14 años empezó a experimentar con un amigo utilizando máquinas improvisadas.
Reconoce que esos primeros trabajos estaban lejos de las técnicas y estándares profesionales que aprendería después.

Con el tiempo adquirió equipos y materiales de un primo que también se dedicaba al oficio, lo que le permitió mejorar sus conocimientos y desarrollar nuevas habilidades. Entre 2008 y 2009 comenzó a trabajar desde un pequeño espacio dentro de la barbería de un amigo en Santiago.
Allí amplió su clientela hasta reunir las condiciones necesarias para establecer su propio negocio.
Para entonces, Banks ya se había hecho un nombre entre quienes buscaban tatuajes personalizados, entre ellos varios exponentes de la música urbana.
Verano en Nueva York
En el verano de 2012 llegó a Estados Unidos tras casarse con la mujer que había conocido años antes en República Dominicana.
Aunque tenía experiencia y clientes que conocían su trabajo, establecerse legalmente en Nueva York fue un desafío.
Licencias, permisos sanitarios, documentación comercial y requisitos para alquilar un establecimiento fueron algunos de los obstáculos que tuvo que superar.
Mientras realizaba estos procesos ofrecía sus servicios a domicilio o trabajaba temporalmente en barberías de amigos.
A esto agrega que las redes sociales jugaron un papel importante durante esa transición.
A través de Instagram y Facebook logró mantener contacto con antiguos clientes dominicanos y darse a conocer a nuevas personas interesadas en sus servicios.
“No es así, tan rápido”, afirma recordando las dificultades que enfrentó antes de abrir su establecimiento.
Una vez superados los trámites legales, surgieron otros desafíos: conseguir el capital necesario para acondicionar el local y garantizar una clientela que permitiera sostener el negocio.
Los bancos empezaron prácticamente solos. Posteriormente incorporó a otros profesionales, quienes también debían cumplir con los requisitos establecidos para ejercer el oficio.
Actualmente dirige Banks Tattoo, ubicado en la zona de 180th Street y Broadway, en el Alto Manhattan, donde dice que trabajan ocho tatuadores.
Su establecimiento recibe clientes de distintas nacionalidades, aunque los dominicanos representan una parte importante de quienes solicitan sus servicios.
“Latinos en general, pero más dominicanos”, señala al describir a su clientela.
Historias en la piel
Tras años de experiencia, Bancos asegura que las preferencias de sus clientes son variadas. Algunos solicitan diseños pequeños, mientras que otros quieren tatuajes que cubran brazos o piernas.
También da la bienvenida a personas interesadas en llevar en su piel recuerdos familiares, símbolos religiosos o imágenes relacionadas con acontecimientos importantes de su vida.
Según explica, los hombres siguen siendo mayoría entre sus clientes, aunque cada vez son más las mujeres que se interesan por los tatuajes. Sin embargo, considera que su responsabilidad va más allá de realizar un diseño.
En determinadas ocasiones recomienda a las personas reconsiderar sus decisiones, sobre todo cuando quieren tatuarse el nombre de una pareja con la que recién inician una relación. Sí, tal como lo lees.
Su experiencia le ha permitido conocer casos de clientes que regresan arrepentidos, buscando tapar tatuajes realizados poco tiempo antes.
Por eso, aunque reconoce que cada empleo representa una oportunidad económica, entiende que también debe orientar a quienes confían en sus recomendaciones.
Esta forma de ejercer su profesión resume una filosofía que ha mantenido a lo largo de su carrera, desde las primeras máquinas improvisadas en Gurabo hasta su estudio en Nueva York: “No todo el dinero hay que ganarlo, hay que guiar a la persona”.


