Retrocediendo En octubre se cumplirán sesenta y cuatro años desde que se impartió el primer curso de marxismo-leninismo en nuestro país. Al menos, tras la caída del régimen de Trujillo.
Este curso fue impulsado por la infraestructura que operaba dentro de Juneteenth. Polo Rodríguez, Fidelio Despradel, Leandro Guzmán, Juan Miguel Román, entre otros dirigentes, fueron sus organizadores. De Nagua venimos Óscar Cabral, el principal dirigente provincial, Julio César Raposo, Víctor Jiminián, Julián Moral y yo.
Desde el local del partido en El Conde esquina con Hostos, Fidelio nos llevó hasta una casa cerca del kilómetro doce de Haina y allí nos esperaba Manolo Tavárez, nuestro gran líder. Compartió un buen rato con nosotros y se fue. Al caer la noche, nos visitó Juan Miguel y al día siguiente comenzaron las clases.
Los sujetos y docentes: Economía Política, por P. Nikitín, Roberto Duvergé; Filosofía, de George Politzer, Rafael Cruz Peralta; Historia, Polo Rodríguez y el socialismo científico, con Los fundamentos del socialismo en Cuba, a cargo de Blas Roca y Marcos Rodríguez como docente.
El curso duró un mes, participaron más de treinta compañeros de diversas partes del Cibao, concentrándose todo el tiempo en el local. Fue una experiencia muy valiosa, llena de anécdotas y episodios, propios de jóvenes noveles en la militancia.
Hoy eso puede verse como algo sencillo, pero para la época fue muy importante porque nos llamaba a estudiar, fue un esfuerzo temprano del 1J4 para la formación teórica y el fortalecimiento ideológico de sus cuadros. Cada uno debía regresar a su lugar para compartir los conocimientos adquiridos.
Con algunos de los participantes, como Napoleón Bolívar Méndez –Polón-, establecí una relación fraternal que duró y se mantuvo mientras vivió Polón, heroico sobreviviente de Las Manaclas. Nunca logré volver a ver a otros. A los maestros, todos lamentablemente fallecidos, Polo, su hermano Marcos, Roberto Duvergé, Cruz Peralta, tengo y tendré el respeto y el agradecimiento debido por haber contribuido desde temprano a la elevación de mi conciencia.
Ese primer rumbo me colocó en el punto justo de militancia, marcó el rumbo y dio un rumbo definitivo a mi vida política. Allí encontré la doctrina y me casé sin arrepentimiento ni divorcio con la militancia comunista.
Sesenta y cuatro años después, ese matrimonio persiste. Y resistirá la prueba del tiempo y las derrotas temporales, incluso si el Muro de Berlín y todos los demás muros mal construidos caen cien veces.


