Por Mite Nishio
En República Dominicana podemos pasar horas conectados, compartir videos, hacer una transferencia desde nuestro celular y enterarnos al instante de lo que sucede en cualquier parte del mundo. Según Indotel, a diciembre de 2025, en el país existían 11.003.354 líneas móviles y 11.469.227 cuentas de Internet. La tecnología es parte de nuestra vida diaria. La pregunta es cuánto de esa actividad se convierte directamente en conocimiento, mayores ingresos y mejores soluciones a los problemas del país.
En mis charlas suelo presentar estadísticas sobre tecnologías de la información y las comunicaciones porque nos permiten medir nuestros avances. Según ENHOGAR-MICS 2025, de la Oficina Nacional de Estadística, la 89.4% de los hogares dominicanos Tiene un teléfono inteligente. Sin embargo, el acceso a Internet en los hogares alcanza el 56,2% y la disponibilidad de ordenadores y/o tabletas sólo el 32,3%. Tener un teléfono no garantiza las mismas condiciones para estudiar o trabajar.
También merecen atención los datos sobre el uso de Internet. La encuesta ENHOGAR 2022 registró un 75,8% para redes socialesen comparación con el 21% de la educación en línea y el 10,9% de las ventas. Si bien corresponden a 2022, estas cifras ayudan a plantear una discusión que sigue siendo necesaria: cómo ampliar el uso educativo y productivo de nuestra conectividad.
Las redes sociales tienen valor. Le permiten mantener vínculos, promover negocios, compartir conocimientos y encontrar clientes. El desafío aparece cuando nuestra relación con la tecnología se queda principalmente en consumir publicaciones y reenviar mensajes. Con un mismo dispositivo podemos realizar un curso, aprender un idioma, ofrecer un servicio o realizar un trámite que anteriormente nos requería viajar.
He insistido en que debemos convertir la conectividad, la información y la tecnología que utilizamos actualmente en conocimiento y productividad. La transformación digital dominicana debe medirse por las oportunidades que genera y los problemas que resuelve.
También tenemos una considerable actividad económica digital. Según el Banco CentralDurante 2025, los pagos por Internet con tarjetas sumaron aproximadamente RD$297 mil millones, entre operaciones locales e internacionales. La cifra corresponde a ese método de pago, no a todo el comercio electrónico. Demuestra que existen capacidades sobre las cuales nuestros empresarios pueden construir negocios.
Una tienda de abarrotes puede recibir pedidos vía WhatsApp y avanzar aún más si organiza su inventario, identifica los productos que dejan mejores márgenes y reduce las pérdidas. Un profesional independiente puede atender a clientes fuera del país. Un estudiante puede aprovechar los recursos educativos para desarrollar una habilidad que mejore su empleabilidad. Son resultados concretos del uso de la tecnología.
La información disponible, por sí sola, tampoco garantiza el conocimiento. Tienes que aprender a comparar fuentes, comprender los datos y aplicar lo que aprendes. La inteligencia artificial hace que esta tarea sea más urgente: puede ayudarnos a analizar información y automatizar procesos, pero necesitamos discreción para revisar sus respuestas y responsabilidad para utilizarlas.
Por tanto, la formación digital debe estar vinculada a las necesidades reales. En las escuelas, enseñe investigación y resolución de problemas. En las empresas capacitarse para mejorar procesos y tomar decisiones. En las comunidades, facilitar el acceso a servicios y oportunidades. Esto requiere colaboración entre el Estado, las universidades y el sector privado, así como conectividad asequible y equipamiento adecuado.
Después de más de tres décadas trabajando en tecnología e innovación, estoy convencido de que debemos evaluar nuestras inversiones en función de lo que las cambia en la vida de las personas. Cuánto aprende un estudiante, cuánto tiempo ahorra un ciudadano y cuánto mejora una empresa. Cada proyecto debe definir estos resultados desde el inicio y verificarlos posteriormente, con indicadores públicos que permitan aprender de los éxitos y corregir lo que no funciona. La República Dominicana tiene una base tecnológica sobre la cual avanzar. El siguiente paso es garantizar que esta capacidad se traduzca en más conocimiento, productividad y bienestar.


