Una exploración de la vida y obra de Catalino Curet Alonso Podría llevarnos a pensar que no sólo fue un compositor de excelentes canciones de salsa, sino también un perspicaz pensador de la música caribeña. Sus ideas y sus obras muestran su conocimiento de la cultura popular basada en la resistencia y las experiencias caribeñas. Curet fue un pensador de ritmos, de formas musicales, práctica que le llevó a alcanzar el éxito de sus composiciones.
De ahí que veamos a un autor interesado en la metamúsica. Concepto que presento como el ejercicio de pensar, describir y determinar el género. Lo intuyo por su preocupación por definir el guaguancó. En sus letras, Curet abre el archivo de la tradición. Por ejemplo, la primera canción que le escribe a Joe Quijano (el guaguancó “Efectivamente”, 1965) aborda esta inquietud. Alexis Martínez dice (conversación con Darío Tejada) que todo lo que luego se llamó salsa se llamó guaguancó, y Enrique Romero (2000) señala que este ritmo aparece en todo el Caribe. Sin embargo, otros estudiosos lo ven como una forma derivada de la tumba cubana. Lo mismo parece decir Curet al describir sus “movimientos”: … “la tumba… el tambor que lo reclama y el coro que dice así…” (Curet: “La esencia del guaguancó”).
Desde la aparición de la radio y el acetato a principios del siglo XX, comenzaron a cruzarse modas que reterritorializaron (Quintero Rivera) los ritmos musicales afrocaribeños. Nuevas apropiaciones y confirmaciones genéricas se habían producido a partir de fenómenos orquestales como La Sonora Matancera en Cuba, Billo’s Caracas Boys, en Venezuela, y Machito en Nueva York… Los ritmos afrocaribeños se difundieron como manifestaciones culturales de los migrantes en Nueva York. Los chicos del barrio dan una respuesta generacional a las orquestas que ya eran reconocidas.
Aparecen una serie de ritmos como la charanga, la pachanga, el bugalú. Jóvenes de suburbios como El Barrio en Nueva York o Villa Palmera y Barrio Obrero en Puerto Rico buscan otra forma de representarse y representarse en una revolución musical que se avecinaba. El combo es una de las formas que adoptan los grupos, en la que subirá al escenario un cantante generalmente mulato, como supo representar Tite Curet con Lupe, (“La Gran Tirana” y “Puro Teatro”). Luego se abre la orquesta para que el cantante, a través del fraseo y la proclamación, dialoge con el coro.
El propio Catalino Curet Alonso en la canción “La esencia del guaguancó” (1971), que escribió para Johnny Pacheco y Pete el Conde RodríguezBusca afirmar que con Pacheco es posible solucionar el problema de la diversidad de propuestas que podrían estar alterando indebidamente la tradición. Por tanto, Pacheco y El Conde afrontan lo esencial. En el texto musical: la tumba, el tambor, la quinta, la proclama y el coro se unen al montuno para escenificar el tema caribeño en el espacio urbano de Nueva York, donde los latinos luchan por fundar un nuevo territorio de su cultura musical. Si tomamos el guaguancó de Cortijo y su combo “Soy buena gente”, publicado en “Con todos los hierros (¡Todo menos el fregadero! (1967), notamos la presencia de un archivo que se mantiene dentro de la tradición porque los esquemas rítmicos en Cortijo se mantienen dentro de la estructura del guaguancó y su música anterior, la rumba cubana, donde hay que ver los aportes de Mongo Santamaría. En Cortijo, el texto busca mantener la tradición, ciñéndose a un ritmo que proviene de la música popular cubana, sin embargo, la voz de Ismael Rivera, con su manejo del tono, la libertad de su fraseo y su capacidad de improvisación, puede llevarnos a pensar diferente. El Sonero Mayor le da la muestra de sus grandes cualidades que nos llevan a pensar en la transformación de la música afrocaribeña que luego culminaría en la Salsa.
Lo que observamos en “La esencia del guaguancó” y en la poética de Tite Curet es el apego al archivo de la música caribeña, incluso en el momento en que está creando una nueva capa. La salsa matizará el ritmo, le dará cierto giro, pero lo que queda, en mi opinión, es el son. Y fue definitivamente reapropiada por los puertorriqueños en la salsa Raphy Leavitt y La Selecta. En la canción “Somos el son” de 1980 se produce esta reafirmación cultural-musical. Ángel G. Quintero Rivera ha realizado un extenso estudio sociológico musical de la misma en “Salsa, sabor y control: sociología de la música tropical” (México, Siglo XXI, 1998, páginas 87 y ss.). Ismael Rivera también reafirma la evocación del son en el escenario con la composición de Pedro Flores, “Traigo de todo”, (1974)”.
Raphy Leavitt y La Selecta se apropia del son como género, aunque esté haciendo salsa. Y regresa al archivo, pero no para confirmar la tradición de los ritmos cubanos, sino para hacerlos existir con las diferentes capas que deja el trabajo de los músicos populares en la cultura puertorriqueña. Por ello, Quintero encuentra en la arquitectura sonora el “seis”, o música jíbara y el “aguinaldo”. Leveitt canta una canción para Puerto Rico desde su experiencia viajera.
En “La esencia del guaguancó”, Tite Curet Alonso Curet escribe y describe el guaguancó. Creo que está la discusión intelectual entre los músicos y las tensiones evidentes entre ellos. Cortijo demuestra lo que está haciendo Guaguancó; Tite nos dice que puede expresar su esencia sin distorsionarla. Y convierte el guaguancó en tema, memoria cultural y principio de composición. La canción puede leerse casi como una pequeña poética de la música afrocubana dentro del universo de la salsa. Por otro lado, en “Sonero”, escrito y arreglado por Johnny Pacheco (1970), se confirman las tensiones entre los ritmos y la lucha por mantener y dirigir las preferencias del bailarín. Esta canción muestra la influencia de la tradición del son que ya está en todo el Caribe, pues Moreno dice que el guaguancó se encuentra…
La cultura popular de los inmigrantes cubanos, puertorriqueños y dominicanos en El Barrio se comunica con otros suburbios y con otras realidades sociales y políticas. En el tránsito de la rumba cubana al guaguancó, del son a la salsa, encontramos un grupo de creadores, músicos y compositores que apelan continuamente al archivo y la memoria. La cultura caribeña funciona como capas: cada generación recibe formas anteriores, las conserva, las desplaza y las transforma. El llamamiento al sonero para que no olvide sus orígenes no constituye una negación de lo nuevo; Es, precisamente, una forma caribeña de innovar dentro de la tradición. Con su poética, Curet ayuda a explorar la metamúsica.


