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domingo, agosto 16, 2026
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¿Qué revela la captura de Maduro sobre las verdaderas prioridades de Trump en América Latina?

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América Latina21

Franz Flores Castro/Latinoamérica21

la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero, su traslado a Estados Unidos para enfrentar cargos de narcotráfico y el posterior apoyo de Washington a un gobierno encabezado por la chavista Delcy Rodríguez no constituyen un simple episodio de política exterior.

La operación –que implicó el ingreso de tropas norteamericanas a territorio venezolano y la “extracción” del presidente de su residencia– reconfiguró abruptamente el tablero regional y reveló que, más allá de la retórica sobre la democracia, las prioridades estratégicas de la administración de Donald Trump eran otras: el objetivo del gobierno estadounidense era instalar un gobierno títere que le permitiera controlar la producción y venta de hidrocarburos. Para ser más exactos, lo que le interesaba era cortar los flujos de petróleo venezolano hacia China.

Llama la atención que, ante este acontecimiento, los aplausos de la nueva derecha hayan superado con creces las críticas. En realidad, muy poco se ha dicho sobre el hecho de que el chavismo sigue ileso y exhibe un grado de servilismo hacia la potencia extranjera digno de la peor derecha militar que gobernó en los años setenta del siglo pasado.

Paralelamente, Trump pidió a México que dejara de suministrar petróleo a Cuba. Contra todo pronóstico, la presidenta Claudia Sheinbaum accedió, lo que provocó que se detuviera el flujo de hidrocarburos hacia la isla caribeña y se desatara una serie de problemas en el país. Inmediatamente, como ocurrió con Venezuela, una parte de la nueva derecha latinoamericana se deshizo en elogios hacia Trump, afirmando que con esta medida se ponía el último clavo en el marchito ataúd del régimen castrista.

Pero también se ha reflexionado muy poco sobre la crisis humanitaria que ya vivía Cuba a consecuencia del bloqueo económico norteamericano, situación que ahora se ve profundamente agravada por la falta de combustible. No se puede poner en riesgo la vida de una población que dice defender mediante una política de escasez atroz.

Por otro lado, en marzo de 2022, Nayib Bukele, presidente de El Salvador, comenzó a encarcelar a todas las personas sospechosas de pertenecer a pandillas como única forma de combatir las pandillas y el crimen en las calles. Posteriormente se descubrió que su verdadero objetivo no era fortalecer el Estado de derecho, sino instaurar una dictadura de hierro que lo mantuviera en el poder ad infinitum. Hoy hay seguridad en las calles de El Salvador, pero a cambio se ha erigido una de las dictaduras más severas. Muchos líderes de la nueva derecha aplauden esta deriva autoritaria, pero pocos se preguntan si los ciudadanos deberían renunciar a libertades y soberanía a cambio de seguridad.

Parece que la gente quiere creer que los títeres chavistas en Venezuela, la crisis humanitaria en Cuba y la dictadura de Bukele son meros episodios pasajeros, como si fueran el crepúsculo necesario que precede a las libertades futuras plenas. Se piensa que, una vez que Venezuela se estabilice y alcance la prosperidad soñada, llegará un paraíso de democracia; que, tras el colapso de la población cubana y la renuncia de los tiranos que la gobiernan, vendrán tiempos de paz y bondad; o eso, cuando Bukele se canse de gobernar y el último

El pandillero se ha podrido en prisión, vendrán tiempos brillantes en los que brillará la libertad.

Lamentablemente, nada indica que esto vaya a suceder, ya que Donald Trump tiene muy poco interés en proteger la democracia, en la que, de hecho, no cree. Este personaje no hace una guerra contra las dictaduras ni por el progreso de América Latina; Su verdadera batalla es contra las megapotencias China y Rusia, que son las que realmente le preocupan.

Trump convocó recientemente a los presidentes que considera simpatizantes de sus políticas. Entre los invitados estuvieron Javier Milei de Argentina, Daniel Noboa de Ecuador, Nayib Bukele de El Salvador y Rodrigo Paz de Bolivia. De este encuentro surgió el compromiso de reducir la influencia económica de China en América Latina. Sin embargo, no será fácil para la nueva derecha latinoamericana cumplir esta promesa, dada la dificultad de prescindir de las inversiones chinas en la región, que alcanzaron los 600 mil millones de dólares en 2023.

Una cosa es aplaudir a Trump; otro, cumple tus deseos.

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