Miriam González ha circulado por carreteras vacías cerca del gran incendio forestal en la zona occidental de la Comunidad de Madrid, ya «técnicamente estabilizado».
Su destino ha sido la localidad de Villa del Prado, que lleva casi una semana confinada.
Es psicóloga de urgencias y su misión cada día ha sido ayudar a los vecinos desalojados a combatir la ansiedad, el miedo y la incertidumbre que les provoca estar en la zona cero de los incendios.
«Cuando estás en el suelo, inhalas el humo igual que los vecinos, el olor… sufres consecuencias físicas que te ayudan a comprender y afrontar el miedo de una manera diferente. Tienes un mayor grado de comprensión» hacia los afectados por los incendios, afirma en una entrevista con Efe Salud.
Experimentada desde hace 26 años en emergencias como los atentados del 11-M (2004), el accidente de tren de Santiago de Compostela (2013) o el accidente del avión de Spanir (2008), entre otras, esta psicóloga considera que las catástrofes naturales, como los incendios, «nos ponen en un contexto de vulnerabilidad cuando nos creemos invulnerables».
La psicóloga Miriam González en la localidad madrileña de Villa del Prado, zona de incendios forestales. Foto proporcionada
Esperanza y precaución con fuego estabilizado
Vista de los daños causados por el incendio en la localidad madrileña de Pelayos de la Presa. EFE/ Nahía Peciña
El incendio que afecta a la sierra occidental de Madrid está «técnicamente estabilizado» y los vecinos de la Villa de Prado ya pueden abandonar tranquilamente sus viviendas, donde se refugiaron del humo, y algunos de los que abandonaron sus viviendas cercanas y se han alojado en el pabellón municipal están empezando a regresar.
Es en ese pabellón donde Miriam y otros compañeros ofrecen ayuda psicológica a los desalojados: “En unos minutos tuvieron que salir corriendo de sus casas para salvar la vida y algunos pueden haberlo perdido todo”.
Los profesionales evalúan la situación y se acercan a quienes consideran que lo necesitan, aunque son muchas las personas que voluntariamente piden consejo para gestionar una situación sin precedentes en sus vidas.
«Después de varios días se sienten cansados, muy tristes, ansiosos, preocupados, inseguros, con miedo y sin esperanza», resume Miriam González, que atiende a cualquier tipo de persona «porque todo el mundo es una emergencia» desatada por los incendios de este verano.
Incluso los perros, atendidos por los veterinarios en el pabellón, «tienen una mirada de profunda tristeza, están contagiados por la tristeza del entorno, de sus dueños…», afirma la psicóloga.
Los psicólogos conversan y acompañan a aquellos vecinos que, junto a la Guardia Civil, se acercan a sus domicilios para ver el estado en el que los han dejado. Momentos difíciles para muchos cuando lo han perdido todo.
«Se pierde la casa, pero también se pierden los recuerdos. Hay una pérdida de identidad emocional», afirma Miriam González.
Una de las características de un incendio es que cambia de rumbo dependiendo del viento. Si un día hubo esperanza, al siguiente todo vuelve a ser negro.
«Aún estamos en momentos de gestión de la incertidumbre. Esa ansiedad, esa preocupación, qué va a pasar con mi vida, qué va a pasar con las cosas que tengo me produce incertidumbre», afirma la psicóloga.
Los trabajadores humanitarios también necesitan apoyo psicológico
Los bomberos trabajan en la zona afectada por el incendio en el oeste de la Comunidad de Madrid en la localidad de Pelayos de la Presa. EFE/ Borja Sánchez-trillo
Los psicólogos también brindan apoyo a los efectivos que participan en las labores de extinción y apoyo a los incendios.
«Hay socorristas que llevan varios días ahí, que están agotados, que han estado junto al fuego. Esto está dejando una huella en muchas personas que están haciendo todo lo que pueden y más», afirma el especialista.
El cansancio y la tensión pueden pasar factura: “Es muy importante que haya turnos de descanso, que los compañeros asuman el relevo porque hay que estar ahí para ser realmente eficaz ayudando”.
Y luego… ¿qué?
Vivir una catástrofe de la magnitud de los incendios forestales puede dejar consecuencias como miedo, ansiedad, depresión y estrés postraumático.
Esto es algo que también quedará en la historia colectiva de los pueblos afectados, como Villa del Prado, donde los vecinos reciben a muchos madrileños que tienen allí segundas residencias en diferentes urbanizaciones, a sólo 60 kilómetros de Madrid.
Aunque algunos no han perdido bienes materiales, todos los vecinos sí han perdido la naturaleza, devastada por las llamas: «El entorno no va a ser el mismo. Un entorno quemado nos recuerda cada día lo que pasó».
“Hay gente que te dice: tengo suerte de que mi casa no se haya quemado, pero el camino que tome nunca volverá a ser el mismo, porque no tendré esos árboles grandes que había en el paseo que hacía por las tardes”.
Estos fenómenos naturales, que arrasan, hacen que los afectados se replanteen el sentido de sus vidas y «cada uno afrontará el futuro de la forma más amable posible».
Y para poder reconstruir, la psicóloga recomienda, una vez pasado lo más grave, pedir ayuda psicológica
Al igual que Miriam González, un grupo de unos 40 profesionales del Colegio Oficial de Psicología de Madrid se han desplegado en las diferentes poblaciones afectadas por el incendio para prestar primeros auxilios psicológicos: reducir el impacto emocional inicial, favorecer la estabilización psicológica o identificar necesidades prioritarias.



