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lunes, agosto 17, 2026
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Por qué gana Abelardo De la Espriella en Colombia

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América Latina21

Después de que Colombia tuviera por primera vez un gobierno de izquierda con Gustavo Petro en 2022las últimas elecciones dieron como ganador al candidato de extrema derecha, Abelardo De la Espriella. Este resultado es parte de una nueva ola de gobiernos de derecha que actualmente dominan los países cAl igual que Argentina, Chile, El Salvador y Ecuador, configurando un giro regional que sugiere una alternancia ideológica cada vez más marcada.

Este fenómeno parece responder a un voto de castigo contra los gobiernos de izquierda. Sin embargo, este rechazo ha ido acompañado de la aceptación, e incluso la legitimación, de liderazgos con rasgos autoritarios, cuyos discursos y trayectorias pueden resultar bastante controvertidos, pero que logran conectar emocionalmente con un electorado que prioriza promesas de orden, control y certezas.

Las recientes elecciones presidenciales fueron especialmente reñidas: De la Espriella obtuvo el 49,7% de los votos frente al 48,7% de Iván Cepeda, configurando uno de los resultados más reñidos de la historia de la democracia colombiana. El mapa electoral también mostró una marcada división territorial: mientras Bogotá y buena parte de los departamentos periféricos apoyaban principalmente a Cepeda, amplias zonas del centro del país se inclinaban por De la Espriella. Esta geografía del voto recordó los resultados del Plebiscito de Paz de 2016, cuando el “No” se impuso precisamente en gran parte del centro del país, revelando continuidades en las fracturas políticas y territoriales.

El resultado electoral también mostró el debilitamiento de la derecha tradicional y la transición hacia una derecha menos moderada. La candidatura de Paloma Valencia, apoyada por Álvaro Uribe, obtuvo sólo el 6,92% de los votos en la primera vuelta. Posteriormente, el Centro Democrático se alineó con De la Espriella y se declaró partido de gobierno.

Uno de los elementos clave de la victoria fue la rápida construcción de la figura pública de De la Espriella. En pocos meses pasó de no liderar las encuestas a consolidarse como un “showman” político, con una intensa campaña en símbolos patrios, estética militar y narrativas emotivas. Más allá de las propuestas, el uso de metáforas como el “tigre” y la “jauría”, junto con eventos multitudinarios cargados de música, luces y escenografía, le permitieron posicionar una identidad política clara en poco tiempo y seducir a gran parte del electorado colombiano.

Su carrera también generó polémica: abogado de exparamilitares, políticos involucrados en casos de corrupción, estafadores como David Murcia y el testaferro de Nicolás Maduro, Álex Saab, además de ser acusado de acosar a periodistas en su carrera como abogado. Su perfil combina elementos externos con fuertes vínculos con sectores tradicionales del poder.

Las redes sociales jugaron un papel decisivo en el concurso. Varios influencers amplificaron su mensaje y contribuyeron a movilizar a los votantes, mientras su campaña incorporaba herramientas de inteligencia artificial para producir contenidos de alto impacto emocional. En cambio, la campaña de Cepeda se apoyó en estrategias más tradicionales, con menor capacidad de viralización; Sin embargo, entre la primera y la segunda vuelta logró un crecimiento significativo en el flujo electoral.

El repertorio simbólico de De la Espriella retoma elementos de otros líderes de derecha contemporáneos como Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei: apelaciones al orden, la autoridad y la recuperación del control estatal. Se configura así en Colombia un derecho real que, como en los casos de Ecuador y El Salvador, coloca la lucha contra el crimen y el restablecimiento del orden en el centro de su propuesta política.

Su perfil público refuerza esta narrativa: un líder de “mano de hierro”, con énfasis en los valores tradicionales, la identidad religiosa, el éxito empresarial y una retórica que combina promesas de orden con llamados explícitos a “castigar” a la izquierda. Este lenguaje, que puede interpretarse como una incitación al enfrentamiento, también ha sido leído por sus seguidores como una promesa de restauración del orden y la autoridad. Aunque matizó su discurso tras la victoria y dijo que gobernará para todos los colombianos, persisten dudas sobre las garantías efectivas que tendrá la oposición.

A esta narrativa se suma la idea de la “Patria Milagro”, enmarcada en un liderazgo que promete soluciones rápidas y contundentes a problemas estructurales. Sin embargo, persisten dudas sobre la viabilidad económica, política y jurídica de varias de sus propuestas. Su programa prioriza la seguridad a través del abandono de la “Paz Total”, el combate frontal contra el narcotráfico y la recuperación del control territorial. En el ámbito económico, propone un crecimiento basado en la reducción del tamaño del Estado y la lucha contra la corrupción, junto con políticas de vivienda, salud, educación digital y expansión rural.

El nuevo escenario plantea importantes cuestiones relativas a la paz y el conflicto. Si bien la política de “Paz Total” no produjo los resultados esperados, en parte por la falta de una estrategia efectiva del gobierno de Petro y la fragmentación de los actores armados, el eventual abandono de las negociaciones con grupos armados y el retorno a estrategias predominantemente militares podrían reconfigurar e incluso intensificar el conflicto armado en algunos territorios. Diez años después de la firma del Acuerdo Final de Paz, su implementación sigue enfrentando desafíos estructurales y la llegada de De La Espriella deja varios interrogantes sobre la continuidad de los avances en materia de reintegración, entrega de tierras y garantías de derechos a las víctimas.

En términos de gobernanza, el panorama es complejo. El nuevo gobierno contaría con un apoyo minoritario en el Congreso, lo que le obligaría a negociar con fuerzas que controlan cerca del 50% de los escaños en ambas cámaras. A esto se suman contrapesos institucionales, como el del Tribunal Constitucional, que, en distintos momentos, ha demostrado capacidad para limitar decisiones del Ejecutivo.

La oposición social se perfila como un actor clave en el nuevo escenario político. Desde el anuncio de los resultados electorales, diversos movimientos sociales han convocado a movilizaciones, anticipando un contexto de alta conflictividad en torno a las propuestas del nuevo gobierno. La estrechez del resultado electoral también confirma la profundidad de la polarización y sugiere la consolidación de una oposición amplia y fuerte que hará todo lo posible para evitar retrocesos en las políticas sociales y las relacionadas con la construcción de paz.

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