El composición de un gobierno Dice mucho de la organización política que lo apoya. Es normal, y puede ser saludable, que un presidente incorpore profesionales, técnicos y personalidades independientes de otros sectores. Ningún partido tiene el monopolio del talento nacional y ningún gobierno debería renunciar a incorporar capacidades por razones estrictamente partidistas.
Sin embargo, el tema cobra otra dimensión cuando la incorporación de figuras externas deja de ser complementaria y parece convertirse en un patrón en áreas estratégicas del Estado. Por lo tanto, ya no se trata de discutir si un funcionario debe tener o no una tarjeta del partido. La pregunta es qué revela este comportamiento sobre la capacidad del partido gobernante para formar cuadros, formar equipos de gobierno y generar confianza en sus propios líderes.
Puestos clave del gobierno Partido Revolucionario Moderno —como la Asesoría Jurídica del Poder Ejecutivo, los ministerios de Relaciones Exteriores, Hacienda y Economía, Obras Públicas, Educación y Agricultura, la Gobernación del Banco Central, áreas importantes del sector eléctrico y, hasta hace unos días, la Superintendencia de Bancos, entre otros— están ocupados por personas que no provienen de las filas de ese partido.
Ante este escenario, es legítimo preguntarse por qué, después de varios años en el poder, una parte relevante de las responsabilidades de mayor complejidad técnica y estratégica han sido encomendadas a figuras que no provienen de la estructura tradicional del partido o cuya carrera principal no se ha desarrollado dentro de esa organización.
La primera pregunta es inevitable: ¿Considera el presidente que el PRM ¿No cuenta con personal suficiente y con la preparación técnica y administrativa necesaria para conducir ciertas instituciones fundamentales del Estado?
La segunda es aún más delicada: ¿es sólo una cuestión de capacidad técnica o hay también un problema de confianza? Un presidente no entrega el Tesoro, la política monetaria, la regulación financiera, la infraestructura, la energía, la educación o los sectores productivos sólo a personas que conocen esos asuntos. También es necesario confiar en su criterio, responsabilidad, prudencia, integridad y capacidad para gestionar recursos y decisiones de enorme importancia nacional.
Por lo tanto, cuando se buscan sistemáticamente ciertas capacidades fuera de la estructura partidaria, la sociedad tiene derecho a preguntarse: ¿Qué mensaje está enviando el propio presidente sobre los cuadros de la organización que lo llevó al poder?
Lo que estamos viendo, en el caso del PRM, es que no basta con tener la capacidad de organizar campañas, movilizar votantes, construir estructuras territoriales y ganar elecciones; Al mismo tiempo, es necesario tener la equipos técnicos y políticos requerido para gobernar. Y esto parece no haber sucedido con el PRM.
Además, surge la cuestión de la confianza, que puede ser más importante que la capacidad. Si el presidente considera que ciertos dirigentes de su propia organización no reúnen las condiciones de seriedad, responsabilidad o confiabilidad necesarias para administrar áreas sensibles del Estado, el problema adquiere carácter institucional.
Si bien no sería responsable afirmar, sin evidencia directa, que el presidente desconfía de la seriedad de los líderes de su partido, es perfectamente legítimo formular la pregunta a partir de decisiones observables: ¿por qué quienes sirven para construir la mayoría electoral, movilizar las bases y defender políticamente al gobierno no aparecen con la misma frecuencia entre las personas elegidas para liderar ciertas áreas estratégicas?
Si la respuesta es falta de preparaciónHay un problema de formación de cuadros. Si la respuesta es falta de confianza, hay un problema aún mayor. Y si ambas explicaciones coinciden, estaríamos ante una contradicción entre la fuerza electoral del partido y su capacidad real como organización de gobierno.
Cabe señalar que el verdadero problema no es que el gobierno incorpore independientes. El país debe aprovechar sus mejores talentos. La pregunta es si, después de años en el poder, el partido gobernante ha podido desarrollar simultáneamente sus propias capacidades para administrar el Estado.
Lo anterior nos obliga a preguntarnos: ¿Qué generación de cuadros gubernamentales está abandonando el PRM? ¿Quiénes son sus especialistas en política fiscal, monetaria, energética, educativa, agrícola, industrial, financiera y de infraestructuras? ¿Dónde se están formando? ¿Qué responsabilidades están acumulando? ¿Quién podría hacerse cargo mañana de las principales instituciones del Estado sin que el partido tenga que mirar sistemáticamente fuera de sus propias filas?
Deje que el PRM responda.


