spot_img
25.7 C
Santo Domingo
sábado, septiembre 5, 2026
spot_img

Legado del cimarronaje, solidaridad y cooperación

Deberías Leer

Hace poco leí una reflexión del periodista Riamny Méndez sobre los manieles, su aporte al sentido colectivo en las comunidades, lo que me motivó a recrear estudios etnográficos en comunidades rurales y su estilo de vida.

La literatura sobre marronage en el país (Deive 1989) (Cordero Michel 1979) (García 2004) lo describe como uno de los fenómenos más reveladores para comprender los orígenes de las prácticas comunitarias, solidarias y cooperativas de la vida cotidiana actual. El marronage no se reduce a la huida individual de la esclavitud, fueron procesos colectivos que configuraron sistemas complejos de organización social con la articulación de estructuras políticas, económicas y culturales desde la contrahegemonía, la resiliencia frente al orden colonial.

Los manieles y palenques Son considerados los primeros espacios de autogestión comunitaria en nuestro territorio, donde se ensayaron formas de convivencia basadas en la cooperación, la ayuda mutua y la defensa colectiva, sustentadas en tejidos sociales tejidos por mujeres que organizaron la vida comunitaria desde la distribución del trabajo, los cuidados, la organización de territorios, la memoria y la afectividad.

Este estilo de vida permeó la cultura campesina hasta nuestros días. Se mantiene la lógica de compartir alimentos, distribución de agua a partir de la construcción de pozos comunitarios ante la falta de acueductos y tareas de cuidado. Estas actividades están dirigidas por mujeres.

Desde los primeros levantamientos de esclavos en el siglo XVI, el casamiento se manifestó como una respuesta organizada a la violencia estructural del sistema esclavista. “El marroqueo en Santo Domingo no fue un fenómeno marginal, sino más bien una constante histórica que acompañó todo el proceso de esclavización” (Deive, 1989). Esta afirmación permite comprender que la resistencia cimarrona no surgió espontáneamente, sino como resultado de una conciencia colectiva que reconocía la necesidad de construir espacios autónomos donde la vida pudiera desarrollarse fuera del control colonial «sociedades alternativas donde los esclavos fugitivos reconstruyeran su mundo sobre la base de la solidaridad y la cooperación» (Cordero Michel, 1979).

La distribución colectiva de las tareas de cuidado ha favorecido a lo largo de la historia a las mujeres jóvenes en su acceso a la educación y al mercado laboral. Las madres adolescentes que pueden continuar en el sistema educativo y alcanzar una mejor calidad de vida son aquellas que han contado con una red de cuidados apoyada por mujeres de la familia y la comunidad. (Vargas 2008) (Vargas 2020 sp).

Este tejido social con raíces en el marronage es invisible. La negación de todo este legado, así como del conocimiento histórico de la esclavitud y el casamiento, sirve como una gran barrera para su reconocimiento y fortalecimiento en favor de los grupos más vulnerables.

- Advertisement -spot_img

Otros Artículos

- Advertisement -spot_img

Últimas Noticias