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domingo, noviembre 1, 2026
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No desmayemos y hagamos el bien

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Muchas veces esperamos que nuestras acciones sean vistas, que nuestros esfuerzos sean aplaudidos y que otros aprecien lo que hacemos. Cuando esto no sucede, nos frustramos, perdemos el entusiasmo y lo que empezamos con entusiasmo deja de motivarnos y nos desanimamos.

Sin embargo, nuestras obras deben nacer del deseo de agradar a Dios, no de recibir la aprobación de los hombres. Por eso es necesario examinar nuestro corazón y revisar las motivaciones que nos impulsan a servir, dar y hacer el bien.

La Palabra nos enseña que cada semilla produce aquello para lo que fue sembrada. El que siembra para la carne, para el espíritu segará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, para el espíritu segará.

Como hijos de Dios, estamos llamados a perseverar en hacer el bien incluso cuando nadie nos ve, nos aplaude o nos agradece. No permitáis que la falta de reconocimiento opaque vuestra dedicación ni que la indiferencia de los demás os haga abandonar lo que el Señor puso en vuestras manos.

Sigan sembrando y sirviendo con corazón sincero porque a su debido tiempo llegará la cosecha si no se dan por vencidos.

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