Aterrizas en Santo Domingo, miras los carteles y lees VINCI. Sacas tu celular, publicas “Llegué a Aeropuerto de Vinci¨ y continúas. Mucha gente lo dice así. Vale la pena detenerse un segundo.
No, el aeropuerto no cambió de nombre. Lleva el nombre de José Francisco Peña Gómez por ley desde el año 2000, y la Ley 139-03 lo ratificó en 2003. Lo conocemos como Las Américas José Francisco Peña Gómez, en honor a uno de los líderes políticos más influyentes de nuestra historia reciente.
VINCI es el operador. Su filial AERODOM Gestiona seis aeropuertos dominicanos y se incorporó a la red de Aeropuertos VINCI en 2016. En diciembre de 2023, la concesión fue ampliada de 2030 a 2060, con un anticipo de 775 millones de dólares al Estado.
Hablamos del mayor operador aeroportuario privado del mundo: más de 70 aeropuertos en 14 países. Desde abril de 2026, su nuevo director en el país, Cyril Girot, supervisa una terminal de $350 millones en Las Américas, prevista para 2028, con capacidad para cuatro millones de pasajeros al año.
Es una inversión que todo el país celebra. Y precisamente por eso es importante tener clara una idea: el branding no puede superar nuestra historia.
Una marca comunica quién opera, quién invierte, quién responde si algo sale mal. Un nombre propio comunica algo más: quiénes éramos y qué decidimos honrar. Las dos capas pueden coexistir. Lo que no conviene es que uno borre al otro por pura repetición.
América Latina tiene un ejemplo muy reciente. En 2025, el Estadio Azteca firmó un acuerdo con Banorte y pasó a llamarse Estadio Banorte para el Mundial de 2026. Se trataba de un préstamo de 2.100 millones de pesos, a pagar en 12 años. La afición reaccionó dividida, porque “Azteca” es una identidad, no sólo un sello. Y no fue la primera vez: un intento de cambiarle el nombre en 1997 nunca tuvo éxito.
La lección es evidente. Las empresas pueden comprar espacio en un letrero. La memoria la deciden las personas, cada vez que pronuncian un nombre.
Por eso propongo ver este tema como una oportunidad.
Primero, que el nuevo terminal cuente quién era Peña Gómez. Un mural, una línea de tiempo, un código QR con su historia. Millones de visitantes al año pasarían por una lección de historia dominicana. Eso también es branding, y del tipo bueno: branding país.
Segundo, que la señalización ponga primero el nombre oficial y luego la marca. Es un detalle de diseño con un mensaje enorme: aquí la inversión viene a sumar a nuestra identidad.
En tercer lugar, que la ampliación agregue nombres de mujeres. De los seis aeropuertos que opera AERODOM, uno rinde homenaje a una mujer: María Montez, la actriz barahonera que conquistó Hollywood en los años 40. Es un gran comienzo. La nueva terminal podría nombrar sus salas en honor a las mujeres dominicanas que abrieron caminos en la ciencia, la literatura, el deporte y la vida pública.
No es sólo nuestro problema. En Chile, un estudio del Ministerio de Vivienda revisó 99.344 calles de 99 comunas: sólo el 5,3% llevaban nombres de mujeres. Cuando una sociedad decide a quién nombra, también decide a quién recuerdan sus hijas e hijos.
Y aquí es donde entra en juego cada persona que lee esta columna. La próxima vez que publique su llegada, escriba el nombre completo. Las Américas. José Francisco Peña Gómez. Son unos segundos que mantienen viva una historia.
Las marcas cambian de propietarios, logotipos y contratos. Los nombres que elegimos como pueblo permanecen mientras sigamos diciéndolos.
Ahora les pregunto: si mañana pudieran nombrar una sala en el nuevo aeropuerto, ¿a quién honrarían?


