“El ruido eterno de mi silencio”, es el título del poemario de la joven escritora Juana Gissel Beltrán, quien viene desde lo más profundo del pueblo para recordarnos que todavía hay esperanza para un despertar de la literatura en esta generación, nacida en la era del dominio tecnológico.
La obra, publicada por Editor Poetas de la Épocauna entidad que va descubriendo talentos literarios en los lugares más recónditos de esta media isla, refleja los sentimientos emocionales de una niña que creció en un mundo abrumado por la tristeza y la angustia.
Como lo expresan los editores, Juana Gissel Beltrán Soriano nos entrega una cartografía emocional, “donde el silencio deja de ser un vacío y se convierte en un ente vivo, un «ruido eterno» que palpita, que asfixia, pero que también redime”.
La nueva escritora se revela con una escritura cristalina, cubierta de sentimientos y elegancia, con un desarrollo armonioso que reconforta el espíritu.
En su poema “perenne silencio de la penumbra”, se observa un sentimiento lírico, expresado con la pasión juvenil de quien busca el camino iluminado del Parnaso:
«Hay un silencio que no duerme. No grita. Está inmóvil. Te vive y te aprisiona con mitades de sombra. Te abraza. Te alcanza. Te pierde en el umbral agonizante de tu risa. Allí yace: tranquilo, silencioso, perdido entre voces que sofocan el deseo. En lágrimas bautiza piedra en la memoria. Te exige sin gritos: ¡No explores el mundo! No sientas. No sueñes. No pintes el sol. Tu mundo. No llores suspiros ni añores tu voz. Construye misterios de calma derrotada que arrastra la conciencia y el olvido se esconde en la nada, recreando historias.
En el poema “Donde habita la tormenta”, la señorita Beltrán Soriano grita ante la indiferencia, ante la apatía:
“Hay tormentas que se oyen en el canto apresurado de los que a nadie le importan, de los que gritan sin ruido, sin voz, sin lengua…”.
Ante un mundo cada vez más aprisionado por los caprichos y banalidades de la vida cotidiana, ver germinar a una joven poeta resulta reconfortante, sobre todo cuando es hija de un pueblo noble y sencillo.
La escritora proviene de una familia de educadores, originaria del Municipio de La Victoria y de la provincia de Monte Plata. Desde muy pequeña comenzó a manifestar sus aptitudes para la poesía, participando en tertulias literarias con su madre María Estela Soriano y la poeta Gladys Almonte.
Es Licenciada en Educación, con mención en Lengua Española, por la Universidad Abierta para Adultos (UAPA), con Maestría en Lengua y Literatura Españolas, por el Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (ISFODOSU).


