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lunes, agosto 17, 2026
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La reforma policial como garantía ciudadana

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Los lamentables hechos ocurridos en Herrera han vuelto a colocar la reforma policial en el centro del debate nacional. La indignación es legítima y el dolor de una familia que pierde a uno de sus miembros merece toda solidaridad. Sin embargo, este momento debería servir para reafirmar que la reforma policial constituye una garantía ciudadana: un proceso que no debe debilitarse por un incidente, sino fortalecerse, para garantizar la no repetición.

La reforma policial no debe ser juzgada por el comportamiento individual, sino por la capacidad institucional para prevenir, investigar, sancionar, fortaleciendo los mecanismos de control y la profesionalización de sus integrantes para garantizar la seguridad pública. Ese es el verdadero significado de la reforma policial, que busca construir una nueva visión institucional basada en la disciplina, la capacitación, la transparencia, el respeto a los Derechos Humanos y el servicio a la ciudadanía, entendida como un deber público y no como una oportunidad de beneficio personal. Por eso, prácticas como el llamado “macuteo” no tienen cabida en la nueva Policía.

Por lo tanto, independientemente de lo sucedido, debemos apoyar el proceso de reforma, que tiene como objetivo garantizar un servicio policial humano, disciplinado y responsable, acompañado de un régimen de consecuencias para aquellos miembros que se desvíen de los principios que deben regir la función policial.

Personalmente, considero importante mantener la coherencia en los principios. Así como sostuve que el alto mando policial no fue responsable de los lamentables hechos ocurridos en Villa Altagracia, Boca Chica ni del caso del niño durante el carnaval de Santiago, hoy mantengo la misma posición respecto de lo ocurrido en Herrera. Lo sucedido no es imputable a quienes dirigen la Policía; Se trata de un hecho profundamente lamentable cuya responsabilidad corresponde, en principio, a quienes participaron directamente en él.

La responsabilidad individual no puede convertirse en una condena automática a todo un proceso de transformación institucional ni en un juicio sumario contra el alto mando policial, que hemos visto cómo ha actuado, investigado con absoluta transparencia, garantizando el debido proceso y aplicando las correspondientes consecuencias jurídicas y disciplinarias.

También es importante resaltar el sentido humano con el que la cúpula policial ha asumido estos difíciles momentos. La presencia del director de la Policía Nacional acompañando a la familia afectada no debe verse sólo desde la perspectiva institucional o protocolaria, sino desde la sensibilidad de un ser humano que se acerca al dolor ajeno; no como una autoridad distante, como expresó: un padre que comprende el sufrimiento de otra familia y que se solidariza ante una situación profundamente dolorosa.

Este tipo de acciones reflejan que la transformación policial no sólo implica cambios en estándares, estructuras o procedimientos, sino también una nueva forma de entender el ejercicio del liderazgo, donde la autoridad debe ir acompañada de la empatía, la responsabilidad y la cercanía con la ciudadanía.

La Policía Nacional es una institución con nueve décadas de historia; Por lo tanto, la transformación de una cultura construida durante tantos años no ocurre de inmediato. Es un proceso que requiere tiempo, formación, supervisión permanente y una decisión firme para consolidar una Policía cada vez más profesional, cercana a la ciudadanía y comprometida con el respeto a los Derechos Humanos.

Apoyar la reforma policial no significa hacer la vista gorda ante los errores o no exigir rendición de cuentas cuando corresponda; Es entender que el camino correcto no es atacar el proceso de transformación, sino fortalecerlo y acompañarlo como sociedad, para que hechos como lo ocurrido en Herrera no se repitan, porque la reforma policial nació precisamente para enfrentar estas conductas.

Así como la sociedad exige con razón que la Policía actúe en el marco de la Constitución, las leyes y el respeto a los Derechos Humanos, también es necesario promover el respeto de los ciudadanos hacia la Policía y sus agentes.

La reforma policial representa una oportunidad histórica para consolidar una institución más profesional, cercana y comprometida con los derechos humanos. Esto requiere del esfuerzo conjunto del Estado, la institución y la sociedad, sociedad de la que provienen los hombres y mujeres que integran la Policía Nacional.

El camino hacia una Policía moderna pasa por fortalecer la formación, la disciplina, la ética pública, la transparencia y el respeto a la dignidad humana, para poner el trabajo policial al servicio del interés general. Ese camino está siendo transitado.

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