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lunes, agosto 17, 2026
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Guerra comercial entre Ecuador y Colombia: aranceles al 100%

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América Latina21

Es muy difícil tomar de buena fe la hostilidad de Daniel Noboa, presidente ecuatoriano, hacia Colombia y hacia el presidente Gustavo Petro. Desde el inicio de su guerra comercial y sus rimbombantes acusaciones en el presidente Gustavo Petro debe mantener la prudencia que ha mantenido y tener cuidado con lanzar acusaciones sin pruebas, ya que la relación entre ambos países es más importante que los egos de dos líderes temporales.

Hace un mes, el Ministerio de Producción, Comercio Exterior e Inversiones de Ecuador anunció que se intensificaría la guerra comercial de ese país contra Colombia. Los aranceles impuestos a los productos colombianos exportados aumentarían del 50 al 100%. En el comunicado, la entidad dependiente de la voluntad de Noboa escribió que «luego de verificar la falta de implementación de medidas concretas y efectivas en materia de seguridad fronteriza por parte de Colombia, Ecuador se ve obligado a adoptar acciones soberanas». A pesar de los múltiples intentos de diálogo de Colombia, la respuesta del gobierno ecuatoriano ha sido un rotundo no. Hace unos días, en la cuenta X de Noboa, el presidente Petro fue acusado de fomentar la violencia en Ecuador.

El problema es que la realidad es mucho más compleja de lo que sugieren los mensajes del país vecino. Los 580 kilómetros de frontera compartida siempre han sido un espacio poroso con influencia de grupos al margen de la ley, tanto colombianos como ecuatorianos. A medida que Ecuador se ha convertido en uno de los principales exportadores de cocaína, el control de los cruces fronterizos se ha vuelto más difícil. Eso no es culpa del presidente Petro ni de Colombia. Lo que Noboa busca disimular con su alboroto es que la situación de orden público se salió de control. El primer trimestre de este año, según cifras de la Policía de ese país, han ocurrido 1.857 asesinatos, es decir, un promedio de 24 por día. El año pasado tuvieron un promedio total de 23 asesinatos cada día. Eso tiene la popularidad del presidente ecuatoriano por los suelos. Según la encuestadora Imasen, más del 60% de los ecuatorianos cree que el país no va por el camino correcto.

Hoy, gracias a este desastre, los embajadores de ambos países están llamados a consultas, no hay mesas de diálogo activas y X se convirtió en el lugar para intercambiar acusaciones. El presidente Petro, que hasta hace poco había mantenido una postura diplomática, agotó su paciencia y responsabilizó a Ecuador por la violencia que hemos visto. “Sé que sectores de la extrema derecha en Colombia que han viajado a Miami y Quito han construido una especie de estrategia para que la extrema derecha de Uribe gane las elecciones con su candidato”, escribió, sin aportar pruebas. Esa, por supuesto, no es la manera de reducir las tensiones, pero la Casa de Nariño parece haber desistido de ese propósito.

¿Qué nos queda? Dos países históricamente aliados en medio de una guerra comercial que sólo afecta a las personas más vulnerables en la frontera, dificulta la cooperación en materia de seguridad y perjudica a exportadores e importadores de ambos lados. Es decir, todos perdemos.

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