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viernes, septiembre 18, 2026
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El malecón de Santo Domingo y Ramón “Moncito“ Báez López-Penha

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Decidí escribir este artículo porque reputados urbanistas me informaron que certeros encuestadores habían detectado, con muestreo científico, que buena parte de los dominicanos considera que el símbolo indiscutible de la identidad dominicana es el malecón santo domingo.

En consecuencia, resulta procedente revisar información descriptiva sobre ese lugar icónico. La historia del malecón se remonta al año 1924, cuando el ingeniero Arístides García Mella tuvo la idea de construir un paseo o avenida a lo largo de la costa del Mar Caribe de Santo Domingo. Según se cuenta, García Mella trazó dos líneas de puntos paralelas en un mapa de la capital desde la prolongación de la calle Pina. Sin embargo, fue a finales de 1931 cuando la Junta de Decoración de Santo Domingo, nombrada por Trujillo, decidió iniciar las obras, momento en el que el ingeniero Ramón -Moncito- Báez López Penha Diseñó el trazado definitivo de lo que sería la avenida George Washington, encargándose también de su construcción, finalizada en 1934, inaugurada tiempo después. Volviendo al origen, señalo que la construcción se inició con bueyes, machetes, hachas y 20 prisioneros con sus guardias. Hasta este punto he recopilado información capturada digitalmente, además de la siguiente: En 1963, el ingeniero Báez me enseñó varias materias en la UASD y tuve el honor y privilegio de que él personalmente me explicara el proceso de construcción del malecón: el primer problema que encontró fue que a lo largo de la costa había chozas improvisadas y sus habitantes bloqueaban la obra porque todos los días se sentaban sin camisa desde temprano en la mañana y jugaban agradablemente al dominó. Para superar este obstáculo, los guardias militares de los prisioneros que trabajaban en la construcción de la carretera hablaron firmemente con los obstruccionistas, diciéndoles que no siguieran impidiendo las obras porque, de lo contrario, destruirían sus chozas. Afortunadamente recobraron el sentido, dejaron de jugar al dominó y bloquear trabajos.

Inmediatamente las obras pudieron continuar sin obstáculos y fueron culminadas con éxito durante 1934 y, exactamente el 23 de febrero de 1936, se inauguró oficialmente la avenida, coincidiendo ese día con el nacimiento de George Washington, el primer presidente estadounidense. Destaco que, además de su original participación en el diseño y construcción del malecón, Moncito también hizo otros aportes trascendentales al planeamiento urbano de Santo Domingo, como el trazado de importantes arterias orientadas Norte-Sur como las avenidas Winston Churchill y Abraham Lincoln. De hecho, sin estos caminos, Santo Domingo sería prácticamente inhabitable. Todos estos valiosos aportes son mínimos en términos relativos comparados con el impacto del libro escrito por Moncito Báez titulado: ¿Por qué Santo Domingo es así? Documento inigualable como fuente de información sobre el desarrollo urbano de Santo Domingo. Además, académicamente, en 1938, Moncito participó en la creación de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura, siendo su decano por varios períodos. En estas funciones fue admirado y respetado por todos: estudiantes, profesores y personal administrativo hasta que en 1963, un comunista innombrable y con sólo credenciales visitó China para retratarse con Mao. Ya radicado definitivamente en nuestro país, acudió a un colegio secundario de la capital caracterizado por tener alumnos políticamente revoltosos, reclutó allí a un centenar de ellos, los congregó para llevarlos a la UASD a un aula donde casualmente Moncito daba clases de Topografía, siendo yo parte del estudiantado. El líder material de la pandilla, muy fuerte, entró por sorpresa al salón de clases, diciendo, agresiva y amenazadoramente: ¿Quién es Moncito? Recibió la rápida y valiente respuesta: ¡Aquí está Moncito! En medio del desorden, todos nos trasladamos al pasillo afuera del salón de clases y evitamos que la pandilla golpeara a Moncito. Ese complot, una cruda anticipación local de la destructiva revolución cultural maoísta, fue un estrepitoso fracaso para quienes lo urdieron, siendo para ellos un boomerang, porque casi de inmediato, haciendo las paces, Moncito fue elegido rector de la UASD reconociendo sus virtudes cívicas, sus méritos académicos y profesionales, que deben servir de ejemplo a toda la sociedad.

Muchas veces imagino que si Moncito hubiera sido candidato presidencial en nuestra democracia, triunfaría abrumadoramente en las elecciones para ocupar el cargo que antes le correspondía a su abuelo, el presidente Báez. La sociedad, en su conjunto, valora mucho todos sus méritos y es tan reconocido a nivel nacional que para identificarlo basta con decir su nombre sin necesidad de pronunciar sus ilustres apellidos. Espero que todos nuestros jóvenes decidan tomar la existencia fructífera de Moncito como guía para sus vidas.

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