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sábado, octubre 10, 2026
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El Banco Central entre tres fuegos

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En agosto la economía dominicana creció 3,8%, menos que en julio y junio. La inflación se mantiene por encima de la meta y el dólar volvió a subir. En medio de estas señales, el Banco Central aumentó su tasa de política monetaria (TPM) 5,25 % y 5,50 %.

¿Por qué aumentar la tasa cuando la economía está perdiendo velocidad?

Parte de la respuesta reside en una idea económica conocida como el “trilema monetario” o la “trinidad imposible”.

El nombre parece complicado, pero la idea es sencilla. A un país le gustaría tener tres cosas al mismo tiempo: estabilidad del tipo de cambio, libertad para que el capital entre y salga, y autonomía para gestionar su política monetaria. No se pueden garantizar los tres simultáneamente.

La República Dominicana permite el movimiento de capitales y mantiene su propia política monetaria. Para que ambas cosas sean compatibles, debe aceptar cierta flexibilidad en el tipo de cambio.

Las decisiones del Banco Central no dependen mecánicamente de la Reserva Federal. Pero tampoco pueden ignorar los rendimientos internacionales, los movimientos de capital y el dólar.

Él aumento de 25 puntos básicos Se definió como preventivo. La inflación subyacente se ubicó en agosto en 4,76% dentro del rango meta. El Banco Central busca evitar que las presiones externas se trasladen a otros precios.

La dificultad es que contener estos riesgos también tiene costos. La economía creció un 3,8% en agosto y una política monetaria más restrictiva podría enfriar aún más el crédito y el consumo.

Aquí el trilema deja de ser una discusión entre economistas y llega al bolsillo de la gente.

Si el Banco Central intenta frenar la depreciación del peso mediante tasas más altas, puede terminar encareciendo el financiamiento de viviendas, vehículos y pequeñas empresas. Pero si permite una depreciación excesiva, los precios de las importaciones aumentan y la inflación puede aumentar.

En ambos casos, las familias enfrentan consecuencias.

Ahora bien, subir la TPM no significa que mañana todos los préstamos serán 25 puntos básicos más caros. Entre la tasa del Banco Central y la tasa que paga una familia intervienen la liquidez, el costo de los depósitos, el riesgo y las condiciones del mercado.

Además, esta transmisión puede ser asimétrica. Durante períodos de ajuste monetario, las tasas activas pueden reaccionar más rápidamente que las tasas pasivas. Todavía no sabemos cuánto sucederá en este episodio.

Por tanto, la decisión no debe juzgarse únicamente por los 25 puntos básicos anunciados. Tendremos que observar sus efectos sobre la inflación, el dólar, las tasas bancarias, el crédito y el crecimiento.

El Banco Central tiene autonomía para decidir, pero no puede escapar del trilema. Puede elegir qué riesgo afrontar, no eliminar sus costes. Y esos costos, de una forma u otra, terminan llegando al bolsillo de la gente.

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