Por Federico Alberto Cuello Camilo
¿Cuántas universidades dominicanas tienen respuestas para la cuarta revolución industrial¿que robotiza la fabricación y automatiza los servicios con algoritmos de inteligencia artificial, desplazando puestos de trabajo, erosionando la base impositiva y exigiendo personal con más y mejor formación?
¿Cuántos participan activamente en la ejecución de los objetivos de desarrollo sostenible y la meta 2036?
¿Cuántos se encargan de eliminar las emisiones contaminantes para revertir el cambio climático?
¿Cuántos apoyan al gobierno y a las empresas en el
¿Construir cadenas de suministro resilientes?
¿Cuántos están trabajando para convertirse en el centro logístico de las Américas?
Las empresas necesitan respuestas innovadoras y los gobiernos requieren apoyo en la formulación y ejecución de políticas públicas relevantes para un entorno global lleno de desafíos.
¿Tenemos las universidades de clase mundial que estos tiempos exigen y que además sean financieramente viables?
Las universidades dominicanas Tienen que reforzar sus vínculos con las empresas, transformando su modelo de gestión para superar la dependencia de los ingresos por matrículas, más del 90%. Esto requiere ofrecer más y mejores servicios de consultoría, investigación y desarrollo, al tiempo que se nutren sus fondos fiduciarios y de pensiones.
Sólo así podrán disponer de los recursos necesarios para modernizar y ampliar su infraestructura y remunerar adecuadamente a su personal docente a tiempo completo.
Sólo así podrán atraer y retener docentes excelentes que sean capaces de ofrecer a los estudiantes la excelencia que requieren.
Sólo así podrán formar estudiantes que sean emprendedores y no sólo empleados, que sean competitivos con sus pares de otros lugares y que utilicen las tecnologías de la comunicación y la información en todas sus clases.
Sólo así podrán internacionalizarse, acreditando todos sus programas y firmando nuevos convenios interuniversitarios que cubran investigaciones conjuntas e intercambios de profesores y estudiantes.
Las universidades dominicanas deben uso completo sus recursos para investigación y servicios, reabriendo laboratorios cerrados y poniéndolos al mando, sin limitaciones de horario, de profesores y estudiantes.
Cuando funcionan de esta manera, nuestras universidades pueden ayudar a evitar la llamada “trampa del ingreso medio” de crecimiento lento, productividad laboral estancada e innovación insuficiente.
Solo 34 países lo han conseguido. Todos, sin excepción, cuentan con las universidades de clase mundial que exigimos, integradas a un sistema nacional de ciencia y tecnología enfocado en la innovación de productos y procesos.
Capaz de responder a las necesidades de la industria para aumentar su competitividad.
Capaces de prepararnos mejor ante shocks sanitarios como la pandemia recientemente superada.
Ante desastres naturales como los derivados del inevitable riesgo sísmico o eventos climáticos catastróficos que son cada vez más comunes.
Ante lamentables accidentes como los derivados de sobrecargas estructurales en centros de entretenimiento o los que podrían ocurrir en cualquiera de las numerosas torres construidas sin sistemas de protección contra incendios, sin salidas de emergencia y con balcones tapiados con rejas o redes.
Frente al descontento social en las zonas rurales y en los barrios marginados, donde muchos se dejan seducir por los cantos de sirena de los “líderes” emergentes que tienen poco que ofrecer más que el anzuelo del “clic” y “cultivo” de sus auras irreverentes.
Porque la manufactura orientada a la exportación debe integrarse verticalmente con la producción nacional.
Porque debemos refinar e industrializar localmente nuestra rica oferta de minerales críticos, la base de la nueva economía renovable, beneficiando a las comunidades locales y preservando nuestro incomparable capital natural.
Y porque hay que tener MIPYMES capaces de suministrar sus bienes y servicios a hoteles y zonas francas.
Pero más que nada, porque la sociedad dominicana debe generar y, al mismo tiempo, retener, el personal calificado, emprendedores e innovadores que demanda en esta nueva etapa de desarrollo que vivimos.
Espero que todos los involucrados en la transformación educativa en curso también trabajen por la educación superior para la seguridad económica, un ingrediente esencial del Objetivo 2036.


