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martes, agosto 18, 2026
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Del cuartel al ataúd: el caso Miguelito

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Las ejecuciones extrajudiciales ya no se esconden únicamente bajo el vergonzoso eufemismo de “intercambios de disparos”. Han mutado. Hoy, como en los días más oscuros de los regímenes autoritarios, arrestan a una persona en «delito flagrante», la privan de su libertad, le impiden ver a su familia durante cinco días -contrariamente a las 48 horas que establece la Constitución-, lo llevan ante el juez y él, conmovido por la bolsa humana demacrada que tenía ante sus ojos, lo deja en libertad. Entonces, “Miguelito”, como lo llamaban sus amigos y familiares, muere, como expresión no de la divina providencia sino de la diabólica fisioterapia que le aplicaron los malditos simios de trajes azules, fusiles y armas del destacamento.

Ese fue el destino trágico –otro más– de Miguel Antonio Lucas, “Miguelito”. Su féretro fue llevado indignado y bañado en lágrimas por sus familiares hasta la comisaría de San Cristóbal, donde estuvo detenido durante varios días y al parecer fue sometido a una terapia de golpes que le provocó graves heridas y le llevó a la muerte.

Si se tratara de un caso aislado y no estuviéramos hablando de que se ha triplicado el número de muertes de civiles a manos de policías, sin disminuir el dolor o la sensibilidad que provoca esta ejecución, saltarían las alarmas para depurar exhaustivamente a todo el cuerpo policial de esta zona, investigarlo, llevar ante la justicia a los responsables y establecer protocolos para evitar que esto vuelva a suceder.

Sin embargo, estamos hablando de un comportamiento muy común en la policía cuyos efectos positivos aún no se han percibido y que ha servido más que para crear una institución “cercana” al pueblo, para envalentonar a simios uniformados y armados que están acabando con la vida de las personas. ¿Cuál será la justificación de este crimen de lesa humanidad? ¿Por qué se violan los derechos fundamentales a la vista de todos? ¿Por qué tenemos que tolerar estos excesos de la aplicación de la ley? ¿Por qué estas ejecuciones son tratadas con paños calientes? ¿Por qué los agentes de policía se sienten tan empoderados? ¿Qué dirá el “coordinador” de la Policía Nacional? ¿Qué dirá el jefe del coordinador de la Policía Nacional? ¿El Ministerio Público? ¿Y el jefe del coordinador de la Policía Nacional? ¿Quién responderá a tantas preguntas? ¿Y la reforma policial seguirá siendo un lema de cambio?

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