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domingo, agosto 16, 2026
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Árganas y código

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La Ley 74-25 registra el milagro de la “modernización” del Código Penal y a días de que venza el plazo de validez de sus artículos, a veces abstrusos y contradictorios, están surgiendo inquietudes que no fueron atendidas en el momento oportuno. Aunque inútil, conviene recrear algo de lo expuesto desde hace más de una década sobre la esperada transformación.

«El texto prevé reformas estrafalarias. Inaplicable. El proyecto establece la acumulación de penas, ampliándola hasta los 60 años de reclusión. Aumenta la pena máxima a 40 años. Insiste en la clasificación de los sicarios, estipula un desliz infantil como la pena por el uso de ácido del diablo. Menciona que excluye otras sustancias con efectos similares. La especificidad ignora que la revisión de las sanciones para las personas que causan daños permanentes con sus acciones, Sería más sensato y completo 07/07/2014 “Voluntad política y disparates”.

La distracción estuvo siempre en la atención a las patéticas tres causas, entretenimiento que prevaleció en las discusiones por el lamentable balance de claudicación ideológico cuando la conveniencia convirtió la despenalización del aborto en una monstruosidad para agradar e impulsar la candidatura del actual presidente.

El presidente finalmente vaciló, la religión prevaleció y, incluido el bando, ignoró las reclamaciones de sus militantes y simpatizantes.

Especialistas y líderes de opinión obedecieron designios presidenciales y reiterados disparates jurídicos que permearon el imaginario colectivo, como afirmar que un código draconiano evitará el crimen y la delincuencia, infracciones ahora clasificadas como: “muy graves”, “graves” o “leves”, una simplificación desafortunada que demuestra precariedad conceptual.

Las objeciones fueron frecuente y contundente. El primer poder del Estado, atento sólo a Palacio, ignoró las recomendaciones y persistió.

La apuesta del presidente fue inquebrantable; Ninguno de sus ayudantes se atrevió a explicarle o intentar hacerle comprender algunos errores legales y el peligro de consagrarlos en la ley. El esfuerzo es difícil después del enredo del bloqueo de la Constitución y la urgente redacción de leyes para satisfacer las promesas de campaña. El respeto a las leyes no ha sido señal de Cambio, legislar sí, para incrementar los compendios adámicos. Las consecuencias del populismo que interfiere con la ley, además de las decisiones judiciales, provocarán un caos institucional que los celebrantes del nuevo código no prevén o poco les importa valorar.

Él código aplaudido Es un batiburrillo de doctrinas y leyes extranjeras, un mamut con residuos de derecho comparado sin criterio. Es producto del colonialismo jurídico del que habla Wenceslao Vega, autor de la imprescindible “Historia del Derecho dominicano” cuyo resultado es un poder judicial, una doctrina y una jurisprudencia claramente mediocre. “Incierto destino del Código Penal- CIB.HOY-08-9-2021-.

Ahora revive las jaculatorias y las advertencias, los disparates legales y el barullo. Es fácil prever otro récord. La expectación augura una salida al mejor estilo del régimen, un acto de magia que complace a todos los actores de la obra, sin excluir a los últimos protagonistas de la farsa.

A la espera de la decisión de seguir sacudiendo el texto o intentando aplicarlo, lo más bochornoso es que los hacedores de la ley proclaman que la carga se paga en el camino. Emisión de órganos de institucionalidad vernácula.

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