Ulrike Kelm/Latinoamérica21
Durante décadas, el debate sobre género y agua se ha centrado, con razón, en las mujeres y las niñas como usuarias del agua. El acceso al agua potable y al saneamiento ha sido una prioridad en la agenda internacional y un componente esencial del Objetivo de Desarrollo Sostenible 6. Sin embargo, hay una dimensión que sigue ausente en este debate: las mujeres como profesionales en el sector del agua.
Hoy en día, miles de mujeres son ingenieras, hidrólogas, científicas, empresarias, líderes comunitarias y responsables de políticas públicas. Negocian acuerdos sobre aguas transfronterizas, dirigen organizaciones operativas, desarrollan nuevas tecnologías y diseñan políticas para una gestión del agua más justa y sostenible.
Y, sin embargo, persiste una profunda contradicción. Aunque las mujeres desempeñan un papel cada vez más importante en la investigación, la gestión y la gobernanza del agua, siguen estando significativamente subrepresentadas en puestos técnicos, de liderazgo y de toma de decisiones. El Informe de las Naciones Unidas sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo 2026 de la UNESCO señala que, a nivel mundial, menos del 20% del personal de las empresas de agua está compuesto por mujeres y, en 2018-2019, representaron solo el 17,7% de esta fuerza laboral.
Al mismo tiempo, dos de cada tres países necesitan aumentar su fuerza laboral en agua, saneamiento e higiene en al menos un 75%, y el 40% reconoce que no tienen capacidad suficiente para gestionar los crecientes conflictos entre los diferentes usos del agua. Es decir, el sector necesita urgentemente más profesionales, pero sigue desperdiciando una parte importante del talento disponible.
No se trata sólo de una cuestión de igualdad; Es una cuestión de gobernanza, innovación y resiliencia institucional. El cambio climático, el crecimiento urbano, el envejecimiento de las infraestructuras y la transformación digital requieren organizaciones capaces de atraer y retener el mejor talento disponible. Sin embargo, todavía sabemos muy poco sobre las trayectorias profesionales de las mujeres en el sector.
¿Por qué siguen subrepresentados en puestos directivos? ¿Qué políticas laborales realmente favorecen tu desarrollo profesional? ¿Cómo influye una mayor diversidad en la calidad de las decisiones y el desempeño de las instituciones responsables de la gestión del agua? ¿Qué barreras institucionales, culturales y organizativas siguen limitando su desarrollo profesional?
Todavía hay pocos datos comparables sobre contratación, promoción, liderazgo, compensación o cultura organizacional en el sector del agua. Sin evidencia, es difícil diseñar políticas públicas e institucionales que permitan el pleno aprovechamiento del talento disponible.
Las asociaciones profesionales también pueden ayudar a cerrar esta brecha de conocimiento. Redes como Women in Water & Sanitation Network (WWSN) demuestran el valor de conectar a mujeres profesionales a través de programas de tutoría, liderazgo e intercambio de experiencias. Asimismo, la Red de Politólogos ha contribuido a visibilizar a mujeres expertas y promover una participación más equitativa en los espacios de toma de decisiones.
Las consecuencias de esta brecha van mucho más allá de la igualdad de género. Al no lograr atraer, retener y promover a más mujeres, el sector del agua está perdiendo la oportunidad de fortalecer su fuerza laboral precisamente cuando más lo necesita. Es una pérdida para los profesionales, pero también para las instituciones, las comunidades, los países y, en última instancia, para la seguridad hídrica mundial.
Las mujeres siguen estando subrepresentadas no sólo en el sector privado, sino también en las instituciones públicas, el liderazgo científico, los espacios de toma de decisiones políticas y las conferencias internacionales. Su presencia limitada limita la diversidad de perspectivas necesarias para abordar desafíos cada vez más complejos relacionados con el agua.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua de 2026 representa una oportunidad para cambiar esta realidad. Además de discutir el financiamiento, la resiliencia y la gobernanza, debería impulsar una agenda internacional de investigación sobre las mujeres en la fuerza laboral del agua e incorporar esta dimensión en futuros procesos de monitoreo de la gobernanza del agua. Comprender quiénes trabajan en el sector, qué obstáculos enfrentan y qué condiciones favorecen su liderazgo permitirá diseñar mejores políticas laborales y fortalecer las instituciones responsables de garantizar la seguridad hídrica.
Cerrar la brecha de género en la fuerza laboral del agua no es sólo una cuestión de justicia social. Es una condición necesaria para construir instituciones más sólidas e innovadoras capaces de responder a los crecientes desafíos hídricos del siglo XXI.
El futuro del agua no dependerá únicamente de la infraestructura, la financiación o la tecnología. Dependerá también de nuestra capacidad para reconocer, retener y promover el talento de las mujeres que ya están construyendo ese futuro.


