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sábado, agosto 15, 2026
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El viaje de Dorvo Soulastre a la isla en 1799

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En 1799, el francés Dorvo Soulastre, ex fiscal de la colonia francesa de Saint Domingue, realizó un viaje a la isla, como parte del séquito del general de división. Gabriel María Théodore Joseph, conde de Hédouville, que vino a estudiar la situación minera en la parte española de Santo Domingo.

Soulastre salió de Francia, en la expedición del Conde de Hédouville, el día 30 del año VI (18 de febrero de 1798) y llegó a la isla el día 6 del año VII (27 de marzo de 1799).

La expedición entró por Santo Domingo, a bordo de las fragatas Bravoure, Cocarde y Sirène, al mando del capitán Gilbert-Amable Faure de Fournoux, para emprender un viaje terrestre desde esta ciudad hasta Cap Français (hoy Cap Haitien), viaje sumamente arriesgado y extraordinario para la época.

Soulastre dejó testimonio de su viaje en un libro de gran valor histórico, al que tituló “Voyage par terre de la capitale de la partie espagnole de Saint-Domingue au Cap-Français”. (Viaje vía terrestre desde la capital de la parte española de Santo Domingo hasta Cabo Francés).

El libro fue dado a conocer en el país por el Dr. Emilio Rodríguez Demorizi, en su obra “La Era de Francia en Santo Domingo”, pero no he visto una edición en español. He localizado la edición original del libro en la Biblioteca Nacional de Francia (Gallica), que data de 1809.

En sus cuentos, Soulastre retrata la vida del pueblo dominicano de la época, sus costumbres y tradiciones, dentro de un entorno geográfico caracterizado por una exuberante vegetación selvática y un territorio fértil y libre.

«Una humilde choza, de cuyos rincones cuelga una hamaca, unas cuantas parcelas o cuadrados de tierra cultivada con hortalizas y tabaco, unos pocos retazos de ropa, bastan para la felicidad del campesino: su ambición no va más allá de las necesidades físicas; su mujer trabaja mientras él duerme; el cuidado de los rebaños excede sus fuerzas, y no es la mayoría la que se dedica a este trabajo.»

Visitó la casa del francés François Delalande, que vivía en las afueras de Santo Domingo, y observó la preparación del “frijoles de azúcar”, días antes del Domingo de Ramos, ha sido interpretado por algunos investigadores como una posible referencia temprana al origen de la tradición dominicana de los frijoles dulces durante la Semana Santa.

La expedición terrestre partió desde el norte de Santo Domingo, cruzando el río Isabela por donde hoy se encuentra el Puente Peynado, y siguió un sendero que bordeaba el llano donde hoy se encuentran Villa Mella y La Victoria. Soulastre dice que hasta Cotuí sólo encontró un pequeño pueblo, lo que significa que esta región estaba casi despoblada, como dice Jacques Francois Longchamps, en su mapa de la Isla, de 1750, al referirse a la zona que va desde la periferia norte de Santo Domingo, hasta Cotuí, entre Ozama e Isabela: “toute cette partie es montueuse est presque déserte” (toda esta parte es montañosa y casi desierta).

Soulastre describe el paisaje que existió desde las murallas de la Ciudad Colonial hasta el río Isabela, sembrado de árboles, como palmeras, acacias y caobas. Llegó a la casa de Doña Teresa Sánchez, que estaba ubicada encima de la Villa de San Carlos, probablemente entre lo que hoy es la avenida 27 de febrero y Kennedy, en la margen derecha de Leopoldo Navarro.

Y luego siguió el camino hacia el noroeste, “atravesando una pequeña sabana, más allá de la cual hay un bosque notable por la variedad de sus árboles, y especialmente por sus numerosas palmeras y diferentes tipos de acacias”.

Sobre ese panorama, agrega: “Puedes ver algunas chozas ocupadas por negros libres.y uno más grande perteneciente a personas blancas; Está rodeado de pequeños recintos cuadrados donde se pueden observar plataneros y caña de azúcar. Aproximadamente un kilómetro más adelante, a la izquierda y cerca del camino, se encuentra la casa de Juan Martín. Está situado sobre un alto montículo que domina una llanura por donde discurre el río Isabel”.

Por la descripción, podría tratarse del sector que hoy se denomina Brisas del Isabela, rodeado por la calle Héctor J. Díaz, la cual formando un arco cruza hacia el norte y el sur la Avenida Máximo Gómez.

Otro dato curioso que trae el relato del expedicionario francés es que, al cruzar el río para tomar su ruta hacia el norte del país, se encontró con una pequeña caravana de mulas que venían desde Santiago y cargado de café.

Esto indica que para 1799 ya existía un sistema de transporte de mercancías desde el Cibao a la ciudad, mediante tren de mulas y burros, confirmándose que el recorrido, a través de senderos, era desde el río Isabela, pasando por Villa Mella, Sierra Prieta, Guanuma, La Luisa y Bermejo, para llegar a Cotuí y de allí a La Vega y Santiago.

ceyba@hotmail.com

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