Santo Domingo.– Durante el sermón del Siete palabras para este Viernes Santola segunda reflexión estuvo marcada por fuertes críticas a la desigualdad social y la corrupción en el país.
El mensaje fue pronunciado por el vicario episcopal de Pastoral y Vida Familiar en la Arquidiócesis de Santo Domingo, reverendo padre Mario de la Cruz Campusano, quien cuestionó las brechas sociales que afectan a los más vulnerables.
“No podemos hablar de justicia mientras haya tantos dominicanos viviendo en condiciones de desigualdad”, afirmó el religioso durante su discurso.
Asimismo, denunció que “la corrupción sigue robando oportunidades a los más pobres, profundizando las injusticias sociales”.
Asimismo, sostuvo que «los pobres cada día son más pobres, mientras persisten problemas como la criminalidad, la violencia, la crisis energética y la corrupción».
El sacerdote también criticó las condiciones del sistema de salud. “Si bien se habla de grandes inversiones, la realidad en los hospitales públicos es otra, donde muchas veces no hay camas para atender emergencias y los pacientes permanecen en sillas o pasillos”, afirmó.
En ese sentido, lamentó la falta de respuesta de las autoridades. “He intentado en varias ocasiones comunicarme con el Presidente de la República, sin poder ser escuchado”, indicó.
El sacerdote también llamó a la reflexión espiritual, señalando que el perdón es clave para la transformación personal y social. “Jesús abre el camino a la misericordia a través del perdón, incluso en medio del pecado”, dijo.
En ese sentido, instó tanto a las autoridades como a la ciudadanía a actuar con responsabilidad, transparencia y compromiso social. “Es hora de construir una sociedad más justa, donde prevalezca el bien común y no los intereses particulares”, afirmó.
El religioso llamó a la reflexión, señalando que el país necesita cambios reales que impacten la vida de las personas, especialmente en áreas como la salud y la educación.
La segunda palabra, “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, sirvió de base para reflexionar sobre la esperanza, el arrepentimiento y la necesidad de un cambio tanto individual como colectivo.
Al final ofreció una oración en la que pidió perdón por sus errores y llamó a la conversión personal. “Señor Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu reino… líbrame de mis errores, de mis pecados y de una vida egoísta, y llévame al paraíso de la vida eterna”, concluyó.



