Santo Domingo.– El suicidio no puede atribuirse a una única causa ni necesariamente a la existencia de un trastorno mental diagnosticado. Detrás de una crisis suicida pueden confluir factores psicológicos, familiares, sociales y económicos que afectan de manera diferente a cada persona, explicó. el psicólogo clínico Dioscoride Paulino.
En el marco de septiembre, mes dedicado a la prevención del suicidio, el especialista señaló que uno de los principales desafíos para abordar este fenómeno es intentar establecer una relación directa entre una causa y una consecuencia.
“Una misma consecuencia, la ideación suicida, puede tener causas muy diferentes en cada persona, y encontrarlas requiere de un proceso de investigación personal, no de una fórmula que se aplique por igual a todos.”, explicó.
Paulino, quien este año perdió inesperadamente a un amigo de la infancia por suicidio, indicó que aborda el tema no sólo desde su experiencia profesional, sino también desde la perspectiva de alguien que ha vivido de cerca sus consecuencias.
Entre los factores que, según explicó, aparecen con mayor frecuencia se encuentran los intentos previos de suicidio, la depresión, el consumo problemático de alcohol, las pérdidas importantes, los conflictos de pareja, las dificultades económicas y la soledad.
Para el psicólogo, no se debe establecer una separación absoluta entre los llamados problemas estructurales y los problemas psicológicos, porque las condiciones en las que vive una persona pueden tener un impacto directo en su bienestar emocional y en la forma en que afronta las adversidades.
El suicidio no siempre va acompañado de un diagnóstico
Al ser consultado sobre la relación entre el suicidio y los trastornos de salud mental, Paulino advirtió que sería irresponsable establecer categóricamente que todas las personas que se suicidan tienen un trastorno diagnosticado.

Explicó que una parte de quienes cumplen con los criterios para presentar una condición de salud mental nunca han recibido un diagnóstico ni han tenido acceso a un proceso terapéutico.
“En principio, no es necesario un diagnóstico formal. Pero hay, en un sentido general, un desequilibrio en la vida misma que afecta cómo la persona procesa lo que le sucede cuando comienza la ideación suicida.«, sostuvo.
La especialista destacó que situaciones como los conflictos familiares, la violencia doméstica y las pérdidas económicas también pueden repercutir en la salud mental y en la forma en que una persona interpreta las circunstancias por las que está pasando.
Señales que no se deben ignorar
Paulino explicó que es necesario distinguir entre factores de riesgo, que pueden permanecer por un largo período, y señales de alerta, que pueden indicar la necesidad de actuar de inmediato. Estos últimos pueden manifestarse en el lenguaje, el comportamiento y las emociones.
En el aspecto verbal, llamó a prestar atención cuando una persona expresa deseo de morir, manifiesta que se siente como una carga para los demás, asegura que no encuentra una salida a sus problemas o utiliza expresiones como «no puedo soportarlo más”.
La psicóloga advirtió que no se deben minimizar estas manifestaciones bajo la creencia de que es sólo una forma de llamar la atención.
Respecto al comportamiento mencionó aislamiento repentino, despedidas inusuales, regalar pertenencias, resolver asuntos pendientes o presentar cambios bruscos de comportamiento.
Asimismo, alertó sobre una conducta que puede ser mal interpretada por familiares y amigos: que una persona que estaba pasando por una situación emocional muy difícil de repente muestre una aparente calma.
“A veces es que la decisión ya está tomada, y esa tranquilidad se confunde con ‘ya es mejor’‘”, explicó.
En el nivel emocional, señaló como signos de preocupación la desesperanza persistente, la vergüenza, el sentirse una carga para los demás y la pérdida de interés en actividades que antes daban sentido o satisfacción a la persona.
“Ningún signo por sí solo confirma nada, pero si se juntan varios, especialmente en alguien que lo ha probado antes, se debe actuar de inmediato.”, enfatizó.
Hablar de suicidio no significa fomentarlo
Uno de los mitos que Paulino considera necesario desmontar es la creencia de que preguntarle directamente a una persona si ha pensado en suicidarse puede introducirle esa idea.
“No hay evidencia de eso. Lo que suele pasar es alivio, puedes decirlo sin que recaiga sobre ti el juicio de todos.”, afirmó.
También recomendó que cuando una persona expresa pensamientos suicidas, quienes la rodean eviten responder inmediatamente con discursos sobre las razones por las que debe sentirse agradecido de estar vivo.
“Eso no funciona. Lo que suele funcionar es lo contrario: escuchar sin apresurarse a corregir«, sostuvo.
El especialista también llamó a los medios de comunicación a abordar los casos de suicidio desde una perspectiva preventiva y responsable, evitando detalles sobre el método utilizado y tratamientos sensacionalistas.
“Mantener esto en secreto no protege a nadie. Dilo con ese propósito claro, sí.”, expresó.
Paulino recordó que en República Dominicana está disponible la línea “Cuida tu Salud Mental”, 809-200-1400, para orientación y asistencia en salud mental.
Salud mental desde las aulas
El psicólogo considera necesario que la educación en salud mental tenga una mayor presencia dentro de los centros educativos, aunque entiende que no debe desarrollarse exclusivamente bajo el modelo de una asignatura tradicional.
“Más bien un espacio de acompañamiento, aunque se da como una clase dentro del plan de estudios, que funciona casi como una terapia de grupo: talleres, ejercicios de role play, ejemplos que el alumno puede llevar a su vida real.”, explicó.
Aclaró que una iniciativa de este tipo no sustituiría la presencia de profesionales de la psicología en las escuelas, sino que tendría que desarrollarse en conjunto con el fortalecimiento de estos servicios.
El objetivo, señaló, sería que los estudiantes tengan herramientas desde temprana edad para comprender sus emociones, afrontar situaciones difíciles y reconocer cuándo necesitan buscar ayuda.
Más inversión y acceso a la atención
Paulino consideró que uno de los principales desafíos de República Dominicana es incrementar los recursos destinados a la salud mental y ampliar el acceso de la población a los servicios psicológicos.
También planteó la necesidad de integrar estos servicios en la atención primaria, para que las personas puedan encontrar una puerta de entrada a la atención de salud mental en los centros a los que acuden habitualmente.
A ello sumó la necesidad de fortalecer la formación universitaria en psicoterapia y formar a profesores y padres para identificar una crisis y, sobre todo, saber responder a ella.
“Esto no se soluciona sólo con más psicólogos, ni sólo con más hospitales o centros. Esa estructura sigue siendo esencial, no le quito nada a eso.”, afirmó.
Para el especialista, la prevención también requiere de un cambio social que contribuya a reducir el estigma en torno a los problemas de salud mental y genere espacios de apoyo fuera de los consultorios.
“Que los seres humanos se sientan mirados, cuidados, parte de la sociedad, en lugar de excluidos. Ese es también el sistema de salud mental.”, concluyó.


