Santo Domingo.– “Durante décadas, República Dominicana ha producido diagnósticos, pactos, comisiones, mesas de diálogo y reformas curriculares. Sin embargo, seguimos enfrentando baja comprensión lectora, severas debilidades en matemáticas, sobrepoblación estudiantil, infraestructura insuficiente, excesiva burocracia, desconexión entre escuela y empleo, y una creciente pérdida de autoridad y disciplina al interior de muchos centros educativos.”
Esa radiografía es Manuel Vidal (Manny) RamírezEducador dominicano radicado en Estados Unidos y ex superintendente del Distrito 6 de Nueva York, al referirse al proceso de transformación educativa impulsado por el Gobierno a través del Decreto 309-26.
Ramírez sostuvo que la iniciativa anunciada por el presidente Luis Abinader “Parece ambicioso”, ya que incluye consultas nacionales, reformas curriculares, fortalecimiento de la educación técnica, integración entre educación y empleo, y una visión destinada a conectar el sistema educativo con las demandas de la Cuarta Revolución Industrial.
«Sobre el papel suena correcto. El problema es que gran parte de la población dominicana ya no juzga las reformas educativas por sus intenciones, sino por sus resultados. Y ahí es donde surge la desconfianza», afirmó Ramírez.
El académico, quien se graduó como ingeniero en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, emigró posteriormente a Nueva York, donde desarrolló una extensa carrera en el sistema educativo público. Durante diez años se desempeñó como director de escuela y luego otros diez años como superintendente del Distrito 6, donde supervisó 42 escuelas.
También explicó que proviene de una familia de educadores, ya que su madre era maestra, y recordó que sus primeros pasos en la educación los inició como ayudante de maestro cuando aún estudiaba en la UASD.
«La educación no es algo que conozca de lejos. La he vivido desde mi familia, desde las aulas y desde la responsabilidad de dirigir sistemas escolares complejos», dijo Ramírez tras considerar que ninguna reforma educativa funciona sólo porque hay una comisión o un decreto presidencial.
“Las verdaderas transformaciones ocurren cuando hay coherencia entre visión, planificación, supervisión y ejecución”, dijo la docente vía telefónica a EL DIA.
En su opinión, cualquier iniciativa para el progreso educativo debe comenzar con una visión clara y nacional del tipo de ciudadano que el país quiere formar en los próximos veinte o treinta años.
“No una visión política ni partidista, sino una visión de nación”
Significaba que, después de definir esa visión, se debía construir un plan de acción realista y mensurable, capaz de identificar prioridades específicas y los recursos necesarios para implementarlas.
“No basta con hablar de inteligencia artificial, ciberseguridad, semiconductores o mecatrónica si muchas escuelas aún carecen de agua potable, conectividad adecuada, laboratorios funcionales o espacios dignos para el aprendizaje”, afirmó.
Entender que la modernización no puede construirse únicamente a partir de discursos futuristas mientras las necesidades básicas de miles de escuelas sigan sin resolverse.
Para él, cualquier reforma educativa necesita identificar claramente quiénes serán los protagonistas del proceso.
“Los docentes, directores de escuelas, directores distritales, técnicos, familias y comunidades deben sentirse parte de la transformación, no simples observadores de las decisiones que se toman desde las oficinas gubernamentales”, explicó.
Ramírez destacó que en los sistemas educativos exitosos alrededor del mundo las reformas sobreviven porque existen sólidas estructuras de apoyo y supervisión.
“Supervisar no significa perseguir ni castigar. Significa acompañar, desarrollar capacidades, hacer seguimiento y asegurar coherencia entre la visión y la práctica diaria dentro de las aulas”, afirmó.
los incentivos
El exsuperintendente sostuvo además que la gente apoya lo que siente que también los dignifica y fortalece.
«Si queremos mejores maestros, debemos invertir seriamente en desarrollo profesional continuo. Si queremos mejores directores, debemos prepararlos en liderazgo estratégico, liderazgo instruccional y liderazgo socioemocional. Y si queremos mejores estudiantes, debemos devolver a la escuela el sentido de propósito, disciplina, orgullo y esperanza», dijo.
Indicó que muchos directores de escuelas tienen razón cuando piden una mayor participación de las familias, menos burocracia y una conexión más fuerte entre educación y empleo.
También coinciden, dijo, en que la transformación educativa no puede quedarse sólo en documentos o discursos políticos.
«La educación no cambia porque se apruebe una ley. Cambia cuando el alumno siente el deseo de aprender, cuando el docente encuentra apoyo para enseñar y cuando la familia vuelve a confiar en la escuela como instrumento de movilidad social», afirmó.
Ramírez también valoró las recientes declaraciones del ministro Rafael Santos Badía, quien señaló que el país tiene “un currículum del siglo XIX, docentes del siglo XX y estudiantes del siglo XXI”.
«Esa frase resume gran parte del desafío dominicano. Pero el verdadero desafío será convertir esa reflexión en acción sostenida», afirmó.
Reforma con resultados
El educador entiende que República Dominicana no necesita otra reforma simbólica, sino continuidad, ejecución y auténtico liderazgo educativo.
Comento que se necesita una política educativa que sobreviva a los cambios de gobierno; Menos improvisación y más planificación estratégica. La educación no puede seguir siendo una cuestión electoral, sino un verdadero proyecto de nación.
Sostuvo que aún hay tiempo para transformar el sistema educativo, pero insistió en que los cambios deben sentirse en las aulas, en la preparación de docentes y directores de escuelas, en la disciplina, en la cultura institucional y en las oportunidades futuras de los jóvenes.
CITA
«La educación dominicana no necesita más promesas. Necesita dirección, coherencia y valentía para hacer lo que hemos pospuesto durante años».



