Beijing.- El ‘caili’, el pago que el novio entrega a la novia o a su familia en China, se ha convertido en un factor de tensión en el mercado matrimonial del país: para algunas mujeres es una compensación por las desigualdades que enfrentan tras casarse pero para otras es una forma de perpetuar los roles tradicionales de género.
La controversia coincide con los esfuerzos de las autoridades por reducir los costos asociados con las bodas y la crianza de los hijos ante la disminución de las tasas de natalidad y la renuencia de los jóvenes a casarse.
En China la tasa de fertilidad está ligada al matrimonio debido a obstáculos burocráticos para los niños nacidos fuera de la unión legal.
Una práctica generalizada
Aunque su intensidad varía según la región, el ‘caili’ sigue presente en muchas negociaciones matrimoniales, especialmente en las zonas rurales, donde el coste de casarse puede convertirse en un obstáculo adicional para los hombres con menos recursos.
Según datos y estudios recogidos en la prensa china, una parte importante de la población considera normales pagos de entre 100.000 y 200.000 yuanes (14.400 y 29.000 dólares), mientras que en algunas zonas rurales de provincias como Jiangxi (centro), donde la práctica está más arraigada, las cifras pueden ser incluso superiores.
En respuesta, algunas autoridades locales han lanzado campañas para promover el “caili cero” o limitar su cuantía, considerando que las exigencias financieras vinculadas a la boda obstaculizan los matrimonios y alimentan las tensiones sociales.
En el centro de las tensiones de género
La práctica está en el centro del debate en las redes sociales chinas: «Los jóvenes no pueden casarse ni tener hijos», protestó un usuario de la red social Weibo, al tiempo que denunció que los «altos ‘caili'» han convertido el matrimonio en «un negocio».
Otro internauta lamentó que el ‘caili’, el anillo, el tradicional regalo de oro que se da a la novia, el banquete y, en muchos casos, el hogar, «básicamente agota los ahorros de una familia normal y corriente». Algunos comentaristas van más allá y relacionan directamente esta práctica con el problema de los solteros en el campo.
«Los millones de solteros rurales, un gran peligro oculto para la sociedad, son culpa de los ‘caili'», mientras otro usuario sostenía que en muchas zonas rurales «los hombres sobran y las mujeres escasean», por lo que, mientras no se corrija este desequilibrio, «las altas dotaciones no se pueden frenar». Una “compensación”
Para algunas mujeres, el ‘caili’ no se entiende como una transacción comercial, sino como una compensación por una desigualdad que consideran todavía válida en el seno de las familias chinas.
Sisi, residente en el sur del país, explicó a Efe que, aunque no exigirá un pago en caso de matrimonio, no se opone a que otras mujeres pidan un «caili alto» porque, en su opinión, sirve para compensar tanto el «desequilibrio de género» como «los daños del parto y del trabajo doméstico» que muchas mujeres asumen tras casarse en el país asiático.
En términos similares se han expresado expertos y académicos citados por la prensa china: el investigador Yu Jieyang ha señalado que el parto «aleja temporalmente a las mujeres del mercado laboral» y que en este contexto la dote se interpreta como una «compensación» de ese sacrificio.
Por su parte, la legisladora Li Yanfeng ha defendido que, cuando una mujer «interrumpe» su carrera para cuidar de sus hijos, volver a incorporarse al mercado laboral «no es fácil», por lo que «no es descabellado» que algunas jóvenes vean el ‘caili’ como un «colchón» de seguridad.
Refuerzo de los roles de género A pesar de los argumentos sobre la seguridad económica, otras voces sostienen que el ‘caili’ sigue anclado en una lógica patriarcal que mide el valor de las mujeres en términos materiales.
La influyente Hong Huang, con 14 millones de seguidores en Weibo, ha advertido que «quienes defienden la ‘caili’ no deberían llamarse feministas», ya que, en su opinión, «tratar a la persona como una mercancía es una auténtica cosificación de la mujer».
Sin embargo, la propia Hong ha reconocido en otras intervenciones la ambivalencia del fenómeno -aunque rechaza el ‘caili’ como práctica feminista, entiende que su existencia responde también a las condiciones reales de supervivencia de las mujeres más vulnerables-.


