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lunes, octubre 12, 2026
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El bizcocho en la nevera

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El aumento de los precios del combustible ha elevado los subsidios muy por encima de los niveles presupuestados. Las distribuidoras de electricidad siguen absorbiendo grandes recursos públicos, mientras que los pagos de intereses de la deuda limitan cada vez más el margen disponible para otras prioridades. La eliminación de la protección arancelaria del arroz probablemente obligará al Gobierno a asignar nuevos recursos para apoyar a los productores. Estos hechos, en conjunto, indican que no vivimos en tiempos normales.

El proyecto de presupuesto para 2027 contempla un déficit equivalente a 3,4% del PIB y busca incrementar la inversión pública. Se trata de objetivos difíciles de conciliar con necesidades de gasto que siguen aumentando. Las cifras del proyecto también plantean dudas sobre el cumplimiento de la Ley de Responsabilidad Fiscal, que establece un tope al crecimiento del gasto primario. Poner el dedo en esas llagas no debe interpretarse como un aspaviento innecesario ni convierte a nadie en un pájaro de mal agüero.

En realidad, sería irresponsable ignorar que el país atraviesa una situación de riesgos fiscales considerables, cuyas consecuencias dependerán de las decisiones que se tomen. El propio Ministro de Hacienda y Economía, Magín DíazHa advertido que los subsidios a los combustibles podrían alcanzar los RD$50,000 millones este año y ha planteado la necesidad de revisar su focalización. Sus declaraciones recordaron que el margen para seguir ampliando los compromisos del Estado es limitado. Más que a sus interlocutores, sus palabras parecieron dirigidas al propio Gobierno.

Reconocer los riesgos es necesario, pero no suficiente. El Gobierno tiene que realizar un severo ejercicio de sinceridad y priorización, que permita abordar las necesidades más apremiantes sin comprometer la sostenibilidad fiscal. Seguir acumulando compromisos sin revisar los existentes puede acabar colocando al Gobierno ante decisiones mucho más difíciles que las que hoy intenta evitar. No se conoce ninguna forma de comerse un pastel y guardarlo en el frigorífico.

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