El La sociedad posmoderna, las redes, el algoritmo y la vida hedonista.hacen a cualquiera prisionero del ego, psicológicamente hablando. Hoy más que nunca vivimos necesitados de validación, aceptación, notoriedad, presentismo, reconocimiento y legitimidad.
La necesidad de placer, poder y admiración son las que gratifican y producen descargas dopaminérgicas en el cerebro, produciendo recompensa, una necesidad impulsiva de buscar gratificación para suplir otras carencias, otras necesidades, miedos y ansiedades que se satisfacen a través de ego, poder y política.
La actividad que más exige y cautiva al ego es la política. El político es seguido, aplaudido, reconocido, venerado a su imagen, halagado y tratado como un Dios terrenal que debe satisfacer y encontrar oportunidades personales y colectivas.
Si por mala suerte ese ego se infla más, todo se personaliza y crea una megalomanía que acaba distorsionando la percepción del entorno, apartando a la persona del puesto o creando un contrapeso con el equilibrio social.
La política es un actividad socialse nutre de vocación de servicio, altruismo, solidaridad, generosidad, compasión, bondad y humildad, para poder conectar, sentir cercanía, empatía y crear sentido de pertenencia con los grupos sociales.
El trampa del ego En la política es cuando se infla, se llena de soberbia, soberbia, soberbia, petulancia y se aleja de la sociedad, perdiendo conexión, contacto y rumbo para lidiar con el destino, el poder, los beneficios tangibles y la vanidad enfermiza.
El político debe saber escuchar las críticas directas, los ataques, los enfrentamientos y los desacuerdos, pero sin verlos como ataques personales a su ego. Debes, sobre todo, poner límites y reconocerlo, ya que eres humano, vulnerable, que vive en el territorio y no en el mapa.
Es decir, el político, prisionero de su ego, se vuelve vulnerable a la crítica, susceptible a la manipulación, controlado por aduladores y grupos que legitiman antivalores.
En política, un político domina tu ego y sus desencadenantes sociales y personales. Aprende a distanciarte de quienes buscan el poder sin ética ni valores. Además, conoce la importancia de los grupos y seguidores, pero lo urgente es siempre gobernarse y gestionarse él mismo.
la politica es cambiablesu dinámica envuelve, seduce, el poder corrompe, los amigos traicionan, los halagos son temporales, los aplausos tienen estaciones y el reconocimiento escaso; De ahí que el político debe mantener una vida fuera de la política y del poder.
Sin embargo, tanto la política como el poder son adictivos. Es raro que un político separe su propio ego de la política y del poder para distanciarse y encontrarse consigo mismo, para no enfermarse o terminar siendo su propio verdugo o prisionero.
El político debe controlar sus hábitos, tener un cerebro reflexivo, mirar la vida de otra manera, saber qué es prioritario y urgente, pero saber qué es necesario e imprescindible, aquello que no se puede negociar ni renunciar: la ética, los valores y los principios.
Ahora, el algoritmo construye políticos, el mercado y los grupos crean necesidades, y las sociedades anestesiadas y entretenidas han perdido el pensamiento crítico; El político debe gestionar su ego, conectar con la sociedad y analizar el contexto.
Resumen:
El ego en política puede ser una trampa que conduzca a la búsqueda del protagonismo, al culto a la imagen, a la intolerancia a la crítica, a la arrogancia y a la petulancia. El político debe aprender a gestionarlo y gestionar su ego para conectar desde el humanismo y el servicio social.


