Madrid.- ‘Robar ahora para descifrar más tarde’; Es la nueva táctica que ya están utilizando los ciberdelincuentes, que estarían robando y ‘congelando’ grandes volúmenes de datos cifrados e inaccesibles, pero que sí esperan poder desentrañar en el futuro gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías, entre ellas la computación cuántica.
Las empresas de ciberseguridad alertaron de los riesgos reales de esta táctica (‘almacenar ahora, descifrar después’) y algunos expertos aseguraron que antes del año 2030 se podría alcanzar la capacidad tecnológica suficiente para romper los algoritmos matemáticos y criptográficos que actualmente protegen las comunicaciones, las transacciones financieras o numerosas bases de datos.
Y esperan así lo que los expertos han bautizado como el ‘día Q’, el día en el que la computación cuántica alcance una fase de desarrollo comercial y operativo suficiente para violar y romper los sistemas actuales, lo que pone en riesgo – advierten los expertos – aquellos datos críticos (como registros médicos, secretos industriales, información financiera o de seguridad nacional) cuya vida útil y necesidad de confidencialidad se prolonga durante muchos años.
Estas amenazas y el riesgo que conllevan han quedado patentes en numerosos estudios elaborados por empresas especializadas en ciberseguridad, y también en un informe que fue aprobado recientemente por la Comisión Mixta (Congreso y Senado) de Seguridad Nacional en España tras analizar las amenazas en el ciberespacio en el contexto de la inteligencia artificial y la computación cuántica.
Una táctica que ya utilizan estados y grupos de espías
No se trata de un escenario ficticio, sino real y documentado, según expertos consultados por EFE, que han observado que los ciclos de renovación tecnológica en muchas empresas e infraestructuras críticas son relativamente lentos -entre 6 y 10 años-, lo que significa que algunas de las tecnologías de seguridad actuales seguirán operativas cuando la computación cuántica sea una realidad.
La idea clave: «no basta con proteger los datos contra las amenazas actuales, sino contra las capacidades futuras, incluso si esas capacidades aún no están disponibles comercialmente», afirmó Alejandro Rebolledo, ingeniero consultor de soluciones de la multinacional NetApp -especializada en el almacenamiento y protección de grandes volúmenes de datos- para España y Portugal.
En declaraciones a Efe, Rebolledo afirmó que ya hay evidencias de que algunos actores, especialmente Estados y grupos de espionaje, están utilizando esta táctica y que están capturando y «secuestrando» grandes volúmenes de datos y comunicaciones cifradas con algoritmos clásicos para descifrar la información cuando la computación cuántica alcanza un cierto nivel de madurez.
Muchos datos son muy efímeros y carecen de valor a largo plazo, pero en algunos sectores -como defensa, salud, finanzas o propiedad industrial- sí mantienen su valor estratégico durante décadas, añadió este experto, y se refirió en este sentido al diseño de planes, fórmulas, estrategias de mercado, contratos o información de producción, que los atacantes pueden «congelar» hoy para utilizarlos en el futuro.
Una amenaza retrospectiva
En el mismo sentido, Ángel Serrano, responsable de Soluciones Técnicas para Iberia de la multinacional estadounidense Palo Alto -especializada en ciberseguridad-, aseveró que «la amenaza cuántica ya está aquí» y supone una amenaza «retroactiva», y advirtió que las brechas de seguridad que permitirán a los delincuentes descifrar esa información «están ocurriendo ahora».
«Es como si un adversario estuviera hoy robando todas las cajas fuertes cerradas, sabiendo que pronto tendrá una llave maestra para abrirlas», dijo a Efe Serrano, señalando que algunas empresas han señalado el año 2029 como el momento en el que la criptografía convencional podría empezar a ser insegura y el momento en el que los Estados-nación hostiles podrían militarizar la tecnología cuántica.
Datos de la unidad de inteligencia de esta compañía revelan que el tiempo medio para infiltrarse y robar datos se ha reducido a sólo 25 minutos y los ataques ya duran sólo 72 minutos desde el acceso inicial hasta la extracción, lo que supone que son cuatro veces más rápidos que el año pasado; «A esa velocidad, los atacantes no distinguen entre datos cifrados y no cifrados».
Los dos expertos encuadran en esta táctica (‘robar ahora para descifrar mañana’) algunos de los ataques y robos masivos de datos que se han producido en los últimos años pero que no han tenido un impacto inmediato pese a la importante repercusión mediática, convencidos de que los ‘malos’ ya tienen congeladas enormes cantidades de datos cifrados a la espera de tener la tecnología que les permita acceder a ellos.



