En la década de 1980, las declaraciones de Joaquín Balaguer Causaron revuelo. El ilustrado presidente dominicano afirmó que El viejo y el mar, por el Premio Nobel Ernesto Hemingwayguardaba un notable parecido con el cuento Rumbo al puerto de origen, de Juan Bosch.
No corresponde aquí resolver esa discusión literaria. Sin embargo, ambas obras ofrecen una valiosa parábola sobre un fenómeno frecuente en la vida urbana: el riesgo de perderse, precisamente cuando se alcanzan logros importantes. El éxito puede generar complacencia, dispersión o falta de visión estratégica. Ese desafío parece manifestarse en Santiago.
Luego de la desaparición física o activa de varios líderes, la ciudad atraviesa una transición de liderazgo que aún no ha sido ocupada del todo. Durante tres décadas, estos sectores promovieron consensos y una visión compartida que llevó a la Plan Estratégico de Santiago (PES). Esa realidad desapareció.
Paradójicamente, en la situación actual hay una mayor claridad por parte del liderazgo gubernamental. el presidente Luis AbinaderLa vicepresidenta Raquel Peña, el alcalde Ulises Rodríguez, el gobernador y el senador, muestran iniciativas encaminadas a posicionar a Santiago como uno de los principales conceptualizadores o desarrolladores del Cibao y de la república.
Es justo reconocer la conceptualización urbana escrita y enunciada asertivamente por manuel estrella. También, el aporte de otros empresarios como Félix García y Miky Lama, quienes aportan proyectos teóricos explicativos e iniciativas para repensar la visión.
Sin embargo, las señales neurálgicas persisten. La limitada reacción ante decisiones de alto valor, como la fallida adquisición de Tabacalera por parte de la universidad ISA. Además, la pérdida de impulso para organizar la cuenca del Yaque; el cuasi caos del CDES análogo al surgimiento de nuevas propuestas de planificación que parecen superponerse al Plan Estratégico y la planificación territorial, entre otros.
Más que crear nuevos planes, el desafío es fortalecer la coordinación, actualizar los consensos, repensar y ejecutar la visión común acordada.
En El viejo y el mar, Hemingway demuestra que la verdadera victoria no está sólo en pescar el pez gordo, sino en regresar a puerto con dignidad. En Rumbo al puerto de origen, Bosch reivindica el retorno a los valores esenciales como camino hacia la redención.
Ambas obras dejan una lección válida para Santiago: después de lograr importantes avances, el mayor desafío es no perder el rumbo.
Hoy la ciudad necesita redescubrir la planificación estratégica, el liderazgo compartido y la gobernanza territorial que hicieron posibles sus transformaciones históricas. Es decir, Santiago debería regresar a su puerto de origen.



