Es casi un «Que en paz descansen» el que habrían cantado autoridades fitosanitarias de Estados Unidos sobre el fruto de rica pulpa que distingue a la provincia de Peravia. Su ingreso a ese mercado fue categóricamente prohibido debido a la reincidencia de los propios productores y del Ministerio de Agricultura vinculado al cultivo de no garantizar la inocuidad de lo que este país enviaba en grandes cantidades y al mejor costo externo del mango criollo que allí prevalecía abrumadoramente sobre los competidores de la región.
Un triunfo que no se habría creído asegurado y que haría que el fruto del árbol Anacardiaceae, anteriormente recibido con éxito por su alto nivel de calidad, aroma y dulzor, fuera prohibido, indeseable y peligroso para la agricultura estadounidense. Algunas infuncionalidades del Estado salen muy caras, una y otra vez, a los sectores productivos.
A la defensiva y con estrictas regulaciones que salvan a la agricultura estadounidense del ingreso de plagas y enfermedades, la introducción del mango dominicano a Estados Unidos ha estado sujeta a la aplicación de un protocolo para proteger los cultivos de la temida mosca de la fruta (ceratitis capitata) y otras plagas.
Una protección de bajo coste y prácticamente artesanal que frenaría el avance del destructivo insecto endémico en la isla, limitando considerablemente su presencia en los cultivos de mango, algo que no viene sucediendo, como constatan más de una inspección a zonas densas de producción por parte de inspectores de sanidad animal y vegetal de Estados Unidos. El diario HOY tuvo acceso al documento oficial de Washington que califica a los mangos recolectados por legiones de laboriosos residentes rurales como mensajeros de destrucción en plantaciones de sus pares y otras producciones en Norteamérica.
República Dominicana pierde (Dios sabe cuánto tiempo) su estatus como uno de los principales exportadores de esta fruta a EE.UU. con un espectacular crecimiento anual del 30% y como líder regional. Sólo hasta que se descubrió la falta de rigor con las normas de calidad. Allí venía teniendo como rival a México, un gran y confiable productor.



