Hace unos días, como parte de las actividades del Observatorio de Seguridad, Defensa y Geopolítica-RD, participé de un encuentro académico sobre reforma policial. Mientras escuchaba al subdirector general de la Policía Nacional, general Esteban Figuereo García, referirse a la relación entre las expresiones del poder nacional y los procesos de transformación policial, regresé mentalmente a las aulas de la Maestría en Seguridad y Defensa Nacional, recordando las magistrales enseñanzas de uno de sus más brillantes maestros: Pablo Antonio Peña Caimares; Quienes tuvimos el privilegio de recibir su guía aprendimos que conceptos como el de poder nacional eran tan llanos y profundos que podíamos explicarlos con tanta maestría como él nos enseñó. No sorprende que este tema surgiera en un escenario dedicado a la reforma policial y mucho menos que fuera abordado por el General Figuereo, quien es egresado de la XII Promoción de dicha maestría, una de las pocas generaciones que tuvo la oportunidad de formarse de la mano de Peña Caimares, quien insistió en entender la seguridad nacional como un fenómeno complejo e inseparable del funcionamiento integral del Estado.
Como hemos argumentado en entregas anteriores, la seguridad y la defensa constituyen pilares esenciales para la existencia, la estabilidad y el desarrollo de cualquier nación. La seguridad nacional es la condición que permite al Estado preservar su estabilidad institucional y enfrentar riesgos, amenazas y vulnerabilidades; La defensa nacional, por su parte, incluye las políticas, estrategias y capacidades encaminadas a prevenir, disuadir y responder a amenazas que afecten la soberanía, la integridad territorial y los intereses vitales de la nación.
Aunque tienen características propias, ambos forman parte de un mismo sistema estratégico. Sin embargo, existe una diferencia conceptual importante entre ambos términos. La seguridad está dirigida principalmente a afrontar riesgos y amenazas a la estabilidad institucional y el bienestar de la población, siendo de origen interno, mientras que la defensa se centra en amenazas externas que puedan comprometer la soberanía, la independencia o la integridad territorial del Estado. Como señala el general Paco Moncayo, la seguridad protege de forma integral al Estado y a la sociedad, mientras que la defensa preserva la soberanía y la integridad territorial. Lejos de excluirse, ambas dimensiones se complementan para garantizar la estabilidad y el desarrollo nacional.
Hoy en día, la seguridad y la defensa ya no son responsabilidad exclusiva de las instituciones policiales y militares. Ambos dependen del poder nacional, entendido como el conjunto de recursos, capacidades y voluntades que tiene una nación para alcanzar y proteger sus objetivos nacionales. Como enseñó Pablo Peña Caimares, este poder se expresa a través de diversas manifestaciones: la política, que dirige estratégicamente al Estado; la económica, que genera recursos para el desarrollo; lo psicosocial, representado por la población, sus valores e identidad; los militares, integrados por las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y los organismos encargados de hacer cumplir la ley; tecnológico, que fortalece capacidades estratégicas a través de la innovación; y geográfico, vinculado al territorio, las fronteras y los recursos naturales que determinan las oportunidades y desafíos geopolíticos de la nación.
La seguridad y la defensa encuentran su principal apoyo en estas expresiones de poder nacional. Es decir, la capacidad de un Estado para proteger sus intereses y alcanzar sus objetivos nacionales, que depende de la adecuada integración de sus recursos, capacidades y potencialidades. Detrás de una nación segura y desarrollada hay un liderazgo político adecuado, una economía sólida, una sociedad cohesionada, instituciones de protección efectivas, capacidades tecnológicas suficientes y un uso inteligente de las ventajas geográficas del territorio. Es precisamente en la articulación de estos elementos donde convergen la seguridad y la defensa.
Por tanto, cuando hablamos de reforma policial, modernización institucional, fortalecimiento de la seguridad pública o desarrollo nacional, en realidad estamos hablando de la capacidad del Estado para integrar y utilizar de manera coordinada todas las expresiones de su poder nacional, orientándolas hacia la estabilidad, la protección de sus intereses y el logro de sus objetivos nacionales.


