spot_img
26.7 C
Santo Domingo
lunes, agosto 17, 2026
spot_img

República Dominicana y Haití: ¡Tanta gente!

Deberías Leer

La caída de la tasa de natalidad en muchos países del mundo, especialmente aquellos con mayor nivel de desarrollo económico, ha generado alarma entre los natalistas blancos que ven el fin de su raza y su civilización si continúa la tendencia a la baja demográfica. Predicen el llamado “gran reemplazo étnico-racial” y propagan la idea de que los blancos tendrán más hijos.

Este llamado a aumentar la tasa de natalidad encuentra, sin embargo, grandes obstáculos: 1) a diferencia de la sociedad rural del pasado, para la clase media urbana, criar a los hijos representa un alto costo con la posterior baja rentabilidad; 2) el costo de vida es alto y en muchas familias todos los adultos tienen que generar ingresos; y 3) la sociedad posmoderna promueve la realización del potencial individual.

Si bien la clase media se muestra reacia a tener muchos hijos, los pobres tienen más probabilidades de tenerlos debido a su bajo nivel educativo y su limitado acceso a los servicios de salud reproductiva. De ahí que el principal reproductor de la especie humana siga siendo la pobreza.

El fenómeno no es ajeno a nuestro entorno nacional. Debemos ser conscientes de que la población de República Dominicana y Haití supera los 22 millones de habitantes. La mayoría, especialmente en Haití, son pobres.

La República Dominicana tiene una densidad poblacional de aproximadamente 240 habitantes por kilómetro cuadrado y Haití 437 (el promedio de América Latina es 33).

La tasa de fertilidad (número promedio de hijos por mujer) en República Dominicana es de aproximadamente 1,9 y en Haití de 3,0 (el promedio en América Latina es de 1,8).

Ignorar estas cifras y sus consecuencias sociales constituye una irresponsabilidad por parte de los gobiernos de ambos países, de las iglesias y de los ciudadanos en general.

A diferencia de las décadas de 1960 y 1970, cuando existían algunos programas públicos de control de la natalidad, en las últimas décadas el control del crecimiento demográfico se ha dejado más al azar.

En sociedades donde la población tiene un mayor nivel educativo y acceso a servicios de salud, el control de la natalidad ocurre por decisión personal racional. No así en países con un bajo nivel educativo, sin programas efectivos de educación sexual o acceso adecuado a servicios de salud.

En países muy pequeños y con mucha pobreza, la alta concentración de población presenta serios desafíos socioeconómicos y ambientales como el uso excesivo de la tierra, la tala de árboles, la contaminación y la sequía de los ríos. Esto es palpable de manera alarmante en territorio haitiano.

Últimamente ha aumentado la alarma en República Dominicana porque los haitianos se reproducen más que los dominicanos.

La solución no es, como algunos proclaman, que los dominicanos se reproduzcan más para igualar a los haitianos, sino que los haitianos mejoren sus vidas y se reproduzcan menos para equilibrar el peso de la población. La isla ya está saturada de gente sin recursos suficientes para alcanzar una vida digna.

La pobreza no es producto del tamaño de la población, pero cuanto mayor es la población pobre, mayor es la dificultad para resolver los problemas de la pobreza.

- Advertisement -spot_img

Otros Artículos

- Advertisement -spot_img

Últimas Noticias