Es difícil definir la personalidad de este conocido hombre público, cuya carrera se fue forjando paso a paso, a base de esfuerzo y mucha constancia.
Me atrevo a llamarlo el intenso para caracterizarlo en dos palabras, por su existencia audaz y dinámica, por su continuo crecimiento y su éxito en cada uno de los roles que le ha tocado desempeñar desde su adolescencia.
En Gualey, ninguno de los vecinos de ese barrio podía imaginar que aquel cabrón de un campo de Salcedo, hijo de un trabajador del Centro del Río Haina y una devota ama de casa, madre de una numerosa descendencia, se convertiría en una figura pública que brilla con luz propia.
el hijo de Fello Santos y la Sra. Esperanza Badía Se identificó con la justicia a través de los discursos del profesor Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, las figuras de Manolo Tavarez y el coronel Caamaño. Encontró su vocación de servicio social en las enseñanzas de la doctrina social de la Iglesia Católica, siendo parte de la Pastoral Juvenil de la Parroquia Santa Ana, de su barrio.
A diferencia de Benito Juárez, el honorable hombre de América, Rafael Santos aprendió a leer y escribir desde temprano, contribuyendo significativamente a la alfabetización de sus hermanos pequeños y de los niños y adultos que lo rodeaban, ganándose el llamado de “maestro” cuando apenas cursaba sus primeros años de secundaria.
Su activismo político y sindical se inició en la Juventud Católica de Trabajadores, de la que fue dirigente, pasando a formar parte del Movimiento Renovador liderado por Francisco Antonio Santos, Eugenio Pérez Cepeda y Nélsida Marmolejos, integrado por una corriente progresista disidente que se separó del Confederación Autónoma de Sindicatos Cristianos (CASC).
Fue este movimiento renovador el que, junto a Foupsa Cesitrado, Dionisio Martínez, Efraín Sánchez Soriano, Julio de Peña Valdez, Fernando de la Rosa y otros a la cabeza, formó la poderosa Central General de Trabajadores (CGT), de la cual Rafael Santos Badía fue uno de los pioneros y responsable de ceder el histórico local de la calle Juan Erazo de Villa Juana a esa central sindical.
Esta joven maestra de escuela Emilio Prud’Hombre a partir del ensanche Espaillat pasó a formar parte de la Asociación Dominicana de Maestros (ADP), convirtiéndose en uno de los dirigentes más reconocidos junto a Conrado Matías, José Antonio Hallar, Humberto Monobel, Celio Guerrero, Melanio Paredes y otros importantes pioneros de ese gremio docente.
El ministro y exdirector del Infotep fue dos veces diputado del PTD y superintendente de Seguros en el gobierno de Hipólito Mejía.
Su mayor orgullo son sus hijos Amelia y Rafaelín, nacidos con su primera esposa, Isabel Altagracia Paulino (Tati).



