spot_img
27.7 C
Santo Domingo
domingo, septiembre 13, 2026
spot_img

¿Qué coste tiene para una empresa que sus profesionales dejen de aprender?

Deberías Leer

Hoy.

La transformación tecnológica también está cambiando la forma en que las organizaciones entienden la formación. La actualización de habilidades no puede depender únicamente de cursos específicos. Mantener el talento preparado empieza a convertirse en una cuestión de competitividad.

Hubo un tiempo en el que terminar una carrera, realizar un posgrado y acumular unos años de experiencia parecía suficiente para construir una carrera profesional sólida y, casi casi, olvidarse de renovar conocimientos.

Ese escenario ya no existe.

La tecnología modifica procesos, herramientas y puestos de trabajo a una velocidad que hace difícil pensar en el aprendizaje como una etapa cerrada. La inteligencia artificial es probablemente el ejemplo más obvio, pero no el único. Los datos, la ciberseguridad, la automatización, el marketing digital, el comercio internacional o las nuevas formas de gestión están transformando el trabajo de profesionales que, en muchos casos, llevan años desempeñando sus funciones.

Para las empresas, esto plantea una cuestión que va mucho más allá de los recursos humanos… ¿Cómo mantener actualizado el conocimiento de una organización sin detener su actividad?

La respuesta está llevando a muchas empresas a repensar la relación entre trabajo y formación.

El conocimiento también necesita actualización.

Una empresa puede invertir años en desarrollar a un profesional y, precisamente por eso, tiene poco sentido que la respuesta a cada cambio tecnológico sea sustituirlo por alguien que ya tenga las nuevas habilidades.

En muchos casos, es más eficiente actualizar el talento que la organización ya conoce.

El problema es que los modelos de formación tradicionales no siempre están preparados para ello.

Un directivo difícilmente puede abandonar sus responsabilidades durante meses. Un profesional que trabaja con clientes internacionales no puede adaptar toda su agenda a un calendario académico rígido. Y una empresa con equipos distribuidos en diferentes ciudades o países necesita soluciones que no dependan de que todos sus empleados estén en el mismo lugar al mismo tiempo.

La formación online ha ayudado a solucionar parte de este problema, pero su importancia va más allá de la flexibilidad.

«Durante mucho tiempo hemos entendido la formación como una etapa previa a la incorporación al mercado laboral. Ese enfoque ya no responde a la realidad. Hoy en día un profesional puede tener una carrera consolidada y, al mismo tiempo, necesitar adquirir nuevas habilidades para seguir desempeñando su función con garantías. La formación tiene que acompañar la carrera profesional, no competir con ella», afirma Miguel Ángel Blanco Cedrún, rector de Spain Business School.

Cuando la formación entra en la agenda del comité directivo

Esta transformación también cambia la conversación dentro de las empresas.

La formación ya no es exclusivamente una partida presupuestaria de Recursos Humanos y empieza a relacionarse con cuestiones como la productividad, la innovación, la transformación digital o la capacidad de adaptación.

La pregunta ya no es sólo cuántos empleados han realizado un curso, sino que hay que complementarla con “¿qué pueden hacer ahora que antes no podían hacer?”. La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo la forma de evaluar una inversión en formación.

Un programa sobre inteligencia artificial, por ejemplo, tendrá poco impacto si se limita a explicar conceptos. Su verdadero valor aparece cuando un profesional es capaz de identificar qué procesos de su departamento pueden automatizarse, interpretar los resultados de una herramienta o incorporar nuevas tecnologías en su toma de decisiones.

Lo mismo ocurre con muchas de las áreas que componen las empresas.

El auge de la formación compatible con la actividad profesional

Esta necesidad ayuda a explicar el crecimiento de los programas de posgrado diseñados para profesionales en activo.

La modalidad online nos permite eliminar una de las principales barreras de la formación tradicional: la necesidad de elegir entre trabajar y estudiar.

Pero el perfil de quienes acceden a estos programas también está cambiando. Ya no se trata sólo de jóvenes que buscan su primera especialización. Cada vez tiene más sentido que profesionales con experiencia regresen a las aulas –físicas o virtuales– para actualizar conocimientos, cambiar de área o prepararse para asumir nuevas responsabilidades.

La experiencia profesional también modifica la propia experiencia de aprendizaje.

Un profesional que lleva diez años gestionando equipos aborda un tema de liderazgo de forma diferente que alguien que aún no ha gestionado personas. Un director de marketing interpreta los análisis a partir de problemas empresariales reales. Un directivo financiero puede trasladar inmediatamente ciertos conocimientos a las decisiones que está tomando en su empresa.

Por este motivo, la formación de posgrado está adquiriendo un componente cada vez más profesional.

La internacionalización ya no depende de viajar

La digitalización también ha cambiado el concepto de internacionalización de la formación.

Hace unos años, estudiar en una escuela de negocios extranjera implicaba necesariamente viajar. Hoy en día, un profesional de Latinoamérica puede compartir aula virtual con compañeros de España y otros países sin necesidad de moverse de su ciudad.

Esa diversidad tiene un valor que va más allá de la experiencia académica.

La internacionalización no se trata sólo de tener estudiantes de diferentes nacionalidades. También se trata de aprender a trabajar con diferentes perspectivas.

Las empresas trabajan con clientes, proveedores, equipos y mercados internacionales. Comprender cómo se toman las decisiones en otros entornos empresariales puede convertirse en una habilidad profesional.

Es una de las características que está ganando mayor peso en la educación empresarial y explica por qué determinados centros han construido comunidades académicas que trascienden las fronteras físicas.

Spain Business School, por ejemplo, señala que por sus programas han pasado más de 5.000 estudiantes de más de 25 países.

¿Cómo se mide la calidad cuando la formación se realiza online?

El crecimiento de la formación digital plantea, sin embargo, otro desafío: distinguir entre flexibilidad y calidad.

El hecho de que un programa se pueda realizar en línea no significa necesariamente que ofrezca una buena experiencia académica.

Para una empresa que decide invertir en la formación de un profesional, o para un directivo que decide dedicar parte de su tiempo a estudiar, surgen otras interrogantes: quién imparte las clases, cómo se actualizan los contenidos, qué relación existe con el mundo empresarial, cómo se evalúan los resultados y qué garantías de calidad existen.

Los rankings son una de las herramientas que utilizan estudiantes y organizaciones para orientarse en este mercado.

En la edición 2026 del Ranking Innovatec, Spain Business School ocupa el 2º puesto entre las 25 Mejores Escuelas de Negocios Online de España, sólo por detrás de IE Business School, y el 5º puesto entre las mejores escuelas iberoamericanas.

El dato es interesante no sólo por la posición concreta de una escuela, sino porque refleja el peso creciente que tiene la formación empresarial online dentro del ecosistema educativo.

De los rankings a los sistemas de calidad

La posición en el ranking, sin embargo, es sólo una parte del panorama. En un mercado con una oferta cada vez mayor, los sistemas de aseguramiento de la calidad cobran especial importancia.

En España, Qualificam es el organismo que certifica la calidad de los programas de Máster Profesional siguiendo estándares vinculados al Espacio Europeo de Educación Superior. El sistema incluye procesos que van desde la admisión y gestión académica hasta pasantías, orientación profesional, satisfacción de los estudiantes e inserción laboral.

Para las empresas, estos mecanismos aportan algo especialmente importante: criterios objetivos para valorar qué hay detrás de un título.

Spain Business School cuenta con programas de Máster Profesional acreditados a través de Qualificam y, además, cuenta con una calificación global de 5 estrellas QS Stars.

La empresa del futuro necesitará aprender más rápido

La cuestión de fondo no es, por tanto, si la formación en línea sustituirá a la formación presencial.

Probablemente no lo hará.

Los modelos presenciales seguirán siendo importantes para determinadas experiencias, especialmente aquellas que requieren interacción directa o determinadas dinámicas prácticas. Al mismo tiempo, los formatos online e híbridos permiten llegar a profesionales que de otro modo tendrían dificultades para acceder a determinados programas.

La tendencia apunta más bien a una coexistencia de modelos.

Formación continua

De hecho, Spain Business School ofrece actualmente programas en modalidad online, presencial e híbrida, una flexibilidad que responde a diferentes perfiles y necesidades profesionales.

Lo verdaderamente relevante es otra cosa: la formación está dejando de ser un hecho puntual para convertirse en un proceso continuo. Y eso afecta directamente a las empresas.

«El tema de las organizaciones no es sólo formar a sus profesionales, sino crear las condiciones para que puedan seguir aprendiendo mientras trabajan. Cuando la tecnología cambia más rápido que los ciclos formativos tradicionales, la capacidad de actualizar el talento se convierte en una cuestión de competitividad», explica Miguel Ángel Blanco Cedrún.

El verdadero coste puede estar en no actualizar

Durante años, el debate sobre la formación empresarial se ha centrado principalmente en cuánto cuesta formar a un empleado.

Quizás haya llegado el momento de plantear la pregunta al revés. ¿Cuánto le cuesta a una empresa no actualizar a sus profesionales?

La respuesta no necesariamente aparece en una factura. Puede manifestarse en procesos que podrían automatizarse pero no lo son, decisiones que se toman con información insuficiente, oportunidades de negocio que no se detectan o profesionales que necesitan más tiempo para adaptarse a las nuevas herramientas.

También puede manifestarse en algo más difícil de medir: la pérdida de capacidad de innovación.

Una organización no aprende sólo cuando incorpora una nueva tecnología. Se aprende cuando su gente es capaz de comprenderlo, cuestionarlo y utilizarlo para resolver mejor los problemas comerciales.

Por ello, la formación deja de ser una herramienta exclusivamente ligada al desarrollo individual y se está convirtiendo en una infraestructura para la adaptación empresarial.

Y en un entorno donde la única constante parece ser el cambio, esa capacidad puede terminar siendo tan importante como la tecnología que la provoca.

«No sabemos exactamente qué herramientas dominarán el mercado dentro de cinco años. Lo que sí sabemos es que las organizaciones necesitarán profesionales capaces de aprender, desaprender y reaprender. La ventaja competitiva no estará sólo en tener acceso a la tecnología, sino en tener personas preparadas para utilizarla», concluye Miguel Ángel Blanco Cedrún.

La formación ya no termina cuando se inicia una carrera profesional. Para las empresas que quieran seguir siendo competitivas, probablemente tendrás que formar parte de ellas durante toda tu vida laboral.

- Advertisement -spot_img

Otros Artículos

- Advertisement -spot_img

Últimas Noticias