Mientras gran parte de la ciudad duerme, Andreina Almánzar ya está de pie. A las 4:30 amA primeras horas de la mañana suena la alarma, marcando el inicio de un día que rara vez da tregua.
Media hora después, prepara el desayuno para sus cuatro hijas y organiza todo para que puedan asistir al colegio. Su tiempo se calcula casi al minuto.
En 5:50 de la mañana despierta a las niñas para prepararlas antes de salir de casa. «Empiezo a organizar a la pequeña mayoritariamente. Se toma su tiempo porque tiene una afección pequeña, entonces me cuesta más asimilar ciertas cosas», afirma.
La menor de sus hijas tiene cuatro años. También tiene dos gemelos de 1 año.2 años y una hija mayor de 20 que estudia Administración de Empresas en la universidad mientras trabaja.
Andreina Almánzar
Cuando termina de cuidar a su familia, Andreina comienza otra parte de su rutina: su jornada laboral en la Zona Franca Las Américas, donde trabaja de 7:00 de la mañana a 4:00 de la tarde. Sin embargo, para ella el trabajo no termina cuando sale de la fábrica.
Al finalizar su agenda, recoge a sus hijas del colegio, llega a casa y, a las 5:00 de la tarde, comienza un segundo día como pedicurista, manicurista y quiropedista. A veces trabaja hasta las 9:00 de la noche.
Andreina Almánzar
Los fines de semana tampoco suelen ser días de descanso. “Casi nunca tenemos un fin de semana libre”, confiesa.
Entre servicios a sus clientes, tareas del hogar y responsabilidades familiares, intenta encajar cada tarea en los pocos espacios que le deja el día. Pese al cansancio acumulado, asegura que encuentra fuerza en sus hijas.
«Es agotador, pero el motor son los niños. Esa gente que traes al mundo y haces todo lo posible para que tengan una vida mejor. Intentamos hacer todo lo que podemos, aunque hay momentos que uno se rompe, pero siempre al día siguiente uno intenta recuperarse», expresa. al diario HOY con motivo del Día de la Madre. Esfuerzo que da frutos Hablando de tus hijasy cambia el tono de voz.
Andreina Almánzar
Los gemelos cursan sexto grado y se destacan por su desempeño académico. Han acumulado reconocimientos, medallas y participación en olimpiadas estudiantiles. La mayor compagina los estudios universitarios con el trabajo, mientras que la menor cursa el nivel maternal.
“Soy de esas mamás exigentes, diría que tengo un carácter un poco fuerte”, admite entre risas. Su principal aspiración es que todos tengan oportunidades que ella no tuvo.
«Sueño que tengan un mejor desarrollo, una mayor estabilidad. No quisiera que les faltara educación», afirma. Una maternidad con desafíos adicionales Entre las responsabilidades de Andreina están también los cuidados especiales que requiere su hija menor, que tiene síndrome de Down.
El diagnóstico llegó cuando la niña tenía unos dos meses. Todo empezó durante una consulta de pediatría por gripe.
Una observación del médico dio lugar a estudios genéticos que confirmaron la enfermedad. “Para mí fue como un balde de agua fría”, recuerda.
Con el paso del tiempo, la familia aprendió a adaptarse a una rutina que incluía controles médicos frecuentes y seguimiento con diferentes especialistas. La pequeña mantiene controles periódicos con pediatría, genética, endocrinología, cardiología y gastroenterología.
Además, requiere una dieta específica debido a los problemas digestivos que presenta desde su nacimiento. “Ha tenido que llevar una dieta particular y eso es algo caro, sobre todo en esta sociedad donde un salario mínimo está por debajo de la canasta básica”, comenta.
Sin embargo, cuando se habla de ella, Andreina prefiere centrarse en su personalidad más que en sus dificultades. «Gracias a Dios, ella es una niña completamente sana. Y
Ella es muy juguetona, muy activa. «Le encanta bailar», dice con orgullo. En casa, añade, es la alegría de todos.
Las renuncias silenciosas Para satisfacer las necesidades de sus hijas, Andreina admite que a menudo deja las cosas para más tarde. No suele gastar dinero en ella misma y piensa en cada compra más de una vez.
algunas cosas que tal vez, como señora, me serían favorables, pero lo hago para que no les falten otras cosas”, explica. La filosofía que aplica a diario es sencilla.
«Me manejo de manera muy básica, poco ostentosa. Cuando voy a comprar algo pienso: ¿lo quiero o lo necesito?». Ella también se agota. A pesar de la sonrisa con la que saluda a quienes llegan a su casa, Andreina admite que hay días difíciles.
Hipertensión, escoliosis y varias hernias en la columna son parte de las condiciones de salud con las que vive manteniendo el ritmo de trabajo.
“Me duelen mucho las piernas, me duele mucho la cadera, me duelen los brazos”, dice. Aún así, sigue adelante. “Son tiempos difíciles, pero las mujeres hemos tenido que ser productivas, ir más allá”, sostiene. Y aunque reconoce la fortaleza de muchas madres, también hace una reflexión.



