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domingo, agosto 16, 2026
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Maternidad, dignidad y sombras

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maternidad ocupa un lugar central en la cultura dominicana. Es símbolo de identidad, eje emocional y motor económico, visible en el flujo masivo de remesas enviadas cada Día de la Madre y en la presencia histórica de madres y abuelas como sostén de las familias. Este peso cultural tiene raíces afrocaribeñas e indígenasdonde la figura materna se asocia con la fertilidad, la madre tierra y la transmisión de sabiduría ancestral. Esta valoración coexiste con una profunda ambivalencia social: mientras la madre es exaltada, también es violada y demonizada.

Las familias matrifocales monoparentales –madres con hijos o abuelas-madres-nietos– que constituyen una estructura histórica en nuestro país, continúan siendo estigmatizadas. se les llama equivocadamente “familias de madres solteras”cargando sobre ellos prejuicios que los responsabilizan de problemas sociales como la delincuencia o el embarazo adolescente, pese a que se evidencia la ausencia de una relación causal. Esta culpabilización tiene su origen en la cultura patriarcal autoritaria, reforzada por la hegemonía religiosa, que insiste en la figura masculina como eje de autoridad y estabilidad.

La escuela reproduce este estigma. madres adolescentes Se enfrentan a discriminación, ridículo y violencia psicológica por parte del personal docente y directivo.. Aunque muchos continúan estudiando gracias a redes de apoyo conformadas por madres, abuelas, suegras o vecinas, los centros educativos no ofrecen condiciones adecuadas para su permanencia y continúan excluyéndolos de diferentes maneras.

También se condenan otras maternidades: las madres que emigran al extranjero, juzgadas por “abandonar” a sus hijos mientras buscan ingresos; madres trabajadoras sexuales, doblemente estigmatizadas por su actividad económica; madres insertadas en el mercado laboral; e incluso víctimas de violencia que deben abandonar sus hogares para preservar sus vidas. Todos están etiquetados como “malas madres”mientras que la irresponsabilidad paterna sigue siendo invisible.

A esta ambivalencia se suma una dimensión crítica: la violación del derecho a dar a luz con dignidad. El parto, un acto profundamente humano, requiere apoyo, respeto e información. Sin embargo, muchas mujeres –especialmente migrantes y jóvenes pobres– dan a luz en condiciones indignas, temerosas de ir a los hospitales por el riesgo de ser arrestadas o maltratadas. Algunos se desangran hasta morir en sus casas o en las montañas, dejando a los recién nacidos expuestos a la morbilidad y la mortalidad. Es imposible celebrar el Día de la Madre sin sentir el dolor de quienes intentan ser madres y no se les permite hacerlo de forma segura y respetuosa.

Maternidad en República Dominicana Es diverso y atravesado por desigualdades. Superar la ambigüedad social hacia ella pasa por romper estigmas, garantizar derechos y reconocer la pluralidad de experiencias. Sólo así podremos honrar verdaderamente a las madres y abuelas que han apoyado el tejido social dominicano durante siglos.

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