Editorial Ciencia.- EFE
La luna llena de anoche se volvió roja en un eclipse total que duró, incluida su fase penumbral, poco más de cinco horas y que, como en otras ocasiones, dejó magníficas instantáneas tanto de profesionales como de aficionados en el Este de Asia, Australia, Islas del Pacífico y América.
El evento astronómico es un capítulo más en un buen año de eclipses, sobre todo porque el 12 de agosto hay uno muy esperado, el del Sol, que será total en varios países.



