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lunes, agosto 17, 2026
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Las horas trágicas por sismos en Venezuela

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La geología que sitúa a República Dominicana y Venezuela muy cerca sísmicamente debido a que la corteza terrestre explotó con una intensidad superior a 7 grados en la escala de Mercali con graves daños humanos y materiales. Importantes vínculos históricos mueven a los dominicanos a mostrar solidaridad por todos los medios posibles con los habitantes de la patria de Simón Bolívar en estas horas de dramáticas secuelas.

Verse dolorido en ese espejo con la voluntad de llegar hasta allí con aportes para rescatar a las víctimas bajo los escombros que apenas ayer tuvo su primera manifestación, es parte de la adhesión dominicana al pueblo vecino cuyos vínculos tienden a estrecharse en momentos particularmente difíciles como los que durante más de una década convirtieron a la República Dominicana en un asiento acogedor de una diáspora lanzada aquí por métodos dictatoriales que un nuevo orden tiende a superar.

Con proyecciones que hacen suponer que la pérdida de vidas sería mucho mayor, el balance certificado hasta anoche era 188 muertos y 1.520 heridos. No se puede descartar lo peor porque, al borde del mismo mar que también baña la costa dominicana, ocurrió una catástrofe que superó a los terremotos anteriores con la particularidad de que esta vez se trataron de dos devastadores y excepcionales terremotos apenas separados por segundos y de dimensiones y extensión aún no conocidas.

Lecciones importantes para la seguridad de la nación dominicana –desde una geolocalización cercana al epicentro crucial de la devastación– reserva el inventario de la gravedad de los daños estructurales, las vulnerabilidades implícitas en la forma de construir en Venezuela y las características de los insumos utilizados en esa parte de la geografía continental de la que forma parte. República Dominicana. Aquí, donde ha habido una verdadera explosión de edificaciones lanzadas hacia arriba, consideradas convencionalmente firmes y seguras, no debemos pasar por alto una reafirmación de que para todas estas obras de diversas proporciones hubo un estricto sometimiento y sin excepciones al código que garantiza la calidad y resistencia de las edificaciones, de lo cual no siempre ha habido certeza absoluta.

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