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jueves, septiembre 17, 2026
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La profunda enseñanza de fe que dejó Juana de Arco

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Gracias a Dios tenemos amigos de muchos años con quienes, sin importar distancias ni circunstancias, se ha logrado mantener una gran hermandad. Entre ellos se encuentra el destacado académico y escritor. Carlos Julio Báezquien constantemente nos envía sus escritos u otra información importante desde España. Y Carlos, con motivo de los dos últimos artículos en los que he hecho referencia al sabio filósofo griego Sócrates y a lo barato que sería promover el cielo a partir de la fe, me refiere precisamente a la fe de una mujer que se convirtió en símbolo de Francia y, si se quiere, del mundo. Quiero decir Juana de Arco.

Aunque lamentablemente he podido comprobar que actualmente pocas personas conocen de ella, específicamente las generaciones más jóvenes, cabe resaltar que Juana de Arco dejó a la humanidad una profunda enseñanza sobre la fe, la fuerza interior y la confianza en uno mismo.

Como destaca el escrito al que hace referencia Carlos Julio, Juana de Arco representa una de las figuras más importantes de la historia de Francia y, además, una de las mujeres más influyentes de todos los tiempos. Destacando su valentía durante lo que se llamó el Guerra de los Cien Años y su firme convicción de defender lo que creía. Lo que la convirtió en un símbolo universal de valentía y coraje.

Juana de Arco dejó una conmovedora frase que sigue transmitiéndose a través del tiempo como mensaje de esperanza y fortaleza: «Es mejor estar a solas con Dios. No me faltarán su amistad, ni sus consejos ni su amor».

Esta humilde joven, nacida en 1412 en un pequeño pueblo de Francia, afirmó que recibió mensajes divinos que la animaron a su causa. En ese caso, ayuda a un joven a recuperar el trono de Francia. Y a pesar de no tener prácticamente nada ni experiencia ni conocimientos militares, logró liderar tropas en el momento decisivo de la Guerra de los Cien Años, consiguiendo la liberación de Orleans en 1429. Por cierto, muy pocas décadas antes de la llegada de colón América.

Aquella joven creyente y de fe, por motivos distintos a los de Sócrates, que por contradicciones con el poder del momento en Grecia fue condenada a morir envenenada, Juana de Arco fue condenada a morir en la hoguera a los 19 años. “Murió convencida de que la verdadera fuerza no dependía del poder, de la riqueza o del reconocimiento de los demás, sino de sus convicciones y de la fe que guiaba cada una de sus decisiones”.

25 años después de ser quemado en la hoguera, en un nuevo juicio, según define Emmanuel Esqueapóstumamente, su sentencia fue declarada nula de pleno derecho tras comprobarse numerosas irregularidades durante el juicio. Y en 1920, la Iglesia católica la canonizó, convirtiéndose a partir de entonces en la patrona de Francia.

Sócrates y Juana de Arco eran dos seres diferentes. Dos maneras de pensar y vivir y dos maneras de morir. Ambos coinciden, de alguna manera, en que la felicidad y la dignidad no se adquieren necesariamente con bienes materiales. Juana de Arco dio su vida invitándonos a actuar con autenticidad.

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