spot_img
26.2 C
Santo Domingo
lunes, noviembre 2, 2026
spot_img

La ponzoña

Deberías Leer

la fábula de “El escorpión y la rana”atribuido erróneamente a Esopo, es el retrato perfecto de la naturaleza humana, fundamentalmente en lo que respecta a la baja nobleza y esa eterna vocación de apelar al pérfido cuchillo.

El grave error de la rana radica precisamente en suponer que el escorpión podría comportarse con la nobleza que su esencia no le permite.

Es un error repetido: al desconocer la esencia humana, no advertimos una raíz que caracteriza giros y comportamientos. Por eso, el escorpión se comporta y se comportará de una manera única, abandonando tradicionalmente sus zonas tormentosas al atardecer, quizás para evitar la claridad que hace visibles ciertas cosas. Por gracia divina, su carga venenosa no tiene efectos mortales en las personas. El veneno te golpea a ti y nada más.

En múltiples ámbitos de la vida, los comportamientos de Escorpio son evidentes. Incluso tener la capacidad de identificar sus pasos e intentos dañinos contribuye a una saludable prevención, exponiéndolos con evidencia irrefutable para que sepan que tú sabes. En el fondo, es el recurso de supervivencia de las insuficiencias que siempre suponen el talento del adversario para ser derrotado, pero por medios indecorosos siempre capaces de coronar la mediocridad como regla y nunca como excepción.

El veneno se ve perturbado en la prosecución de sus cruzadas porque transfiere sus miserias privadas a terceros. Presumen de los demás lo que son.

Su tragedia es que nunca hicieron los deberes, ni invirtieron tiempo en la lectura básica, no les fascinaron las lenguas extranjeras, saben que comunicarse no es su fuerte, desdeñaron conocer los barrios, los callejones, los patios, los municipios, las provincias, y cuando creen lo hacen con faltas de ortografía. De ahí la ira y los intentos demoniacos de adquirir lo que creen merecer y de manera ominosa obstruir la posibilidad de que otros obtengan las cuotas merecidas. Se sienten victoriosos cuando obstruyen y no construyen.

Con un genio excepcional, Gregorio Marañón en Tiberio. Historia de un resentimiento (1939) sentó buenas bases para la lectura de esa categoría emocional que se almacena en la conciencia impactando fundamentalmente a personas con poca generosidad. El drama consiste en su capacidad expansiva y su vocación de tocar todos los niveles de la pirámide social. Lobbyistas, empresarios, políticos, intelectuales, deportistas, comunicadores… representan el conjunto diverso de referentes por excelencia de la amargura existencial.

Sus venenos venenosos pretenden ampliar la dosis para igualar a quienes destacan por la fuerza de su talento y virtudes.

el ya lo escribio armando en su cuento “El Gato”:

— Ay, ya sabes cómo son esas reuniones… la canasta, unos cócteles y chismes, muchos chismes.

- Advertisement -spot_img

Otros Artículos

- Advertisement -spot_img

Últimas Noticias