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domingo, septiembre 13, 2026
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“La noche de los buzones blancos” o la restauración poética del pasado

Deberías Leer

(1 de 4)

“La esposa del poeta, el líder, me sacudió

Siempre a la sombra y llenando un espacio vital

La mujer que prendió fuego a los senderos me sacudió

De la melena invencible de aquel alemán

la chica me sacudio

Hija de ese continente feroz

quien se fue de casa

Por otro de toda la gente

Muchas mujeres me han sacudido

“Mujeres de fuego, mujeres de nieve”

(Silvio Rodríguez: “Mujeres”, de su disco homónimo de 1978)

A principios de los años 80 publiqué un ensayo en tres entregas sobre el libro de cuentos La noche de los buzones blancos, del escritor dominicano, en el suplemento cultural Aquí, del desaparecido vespertino La Noticia. (1952-2015). Dijo al final de ese novedoso ejercicio de crítica literaria: «La noche de los buzones blancos es una de las mejores producciones de la nueva narrativa dominicana, un libro que fortalece los hallazgos verbales de nuestros cuentos vernáculos. Con este portentoso libro de cuentos, Peix nos convence plenamente de su talento narrativo y de sus posibilidades reales de convertirse en un narrador de primer nivel entre nosotros». Y finalizaba con una entusiasta afirmación: «El universo que Peix intenta construir debe plasmarse en nuevas obras literarias que transfiguren poéticamente la realidad y enriquezcan su narrativa. Ésta es la condición básica para definir un estilo y un lenguaje personal, propio, que haga temblar los cimientos de la literatura dominicana. Cuando eso suceda, sin duda nos encontraremos ante uno de nuestros mejores narradores de oficio, un escritor que sabrá honrar la gran y exigente labor creativa».

Casi un cuarto de siglo después, en la Feria Internacional de Libro de Santo Domingo de 2006En presencia del autor, tuve la oportunidad de leer en público aquel ensayo literario de los años ochenta, en la Sala Portalatín Aída Cartagena de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña. Permítanme reproducir el texto que leí en aquella ocasión:

«La noche de los buzones blancos, de Pedro Peix, es un texto cuyo discurso narrativo apunta como intención primordial hacia la recuperación de una época pasada, la de principios del siglo XX en la República Dominicana. Esa época se desarrolla bajo el signo de los procesos históricos y sociales marcados por la primera intervención militar norteamericana en Santo Domingo (1916-1924). La poética de Peix revela precisamente esta intención de escrutar a fondo la esencia de la historia, de transfigurarla en el espacio de escribiendo, para fundar un nuevo lenguaje y cosmos narrativo, Peix recrea un período concreto de la historia de la nación -aunque hay relatos cuya acción se desarrolla en fechas lejanas-, revelando una realidad esencialmente contradictoria, para ello emprende la búsqueda de un pasado remoto, retratado en sus múltiples aspectos y dimensiones, reconstruye una realidad pasada, magnificada gracias al lenguaje y la fusión del lirismo y la épica. Hazañas, insurrecciones, afrentas, héroes legendarios, cadáveres profanados, mujeres salvadoras.

La noche de los buzones blancos -quizás su mejor libro de cuentos- en 1980, cuando aún era un cuentista en formación. Ya en aquel momento llevaba consigo una legítima obsesión que no le ha abandonado desde entonces. Su empeño como autor de ficción busca, como él mismo confiesa, decantar el espectro de la realidad en todas sus venas posibles. Al igual que sus maestros William Faulkner, Gabriel García Márquez y Juan Rulfo, se propone crear un universo totalizador asumiendo las leyes, mitos y símbolos de la historia nacional para restaurar poéticamente un pasado perdido o inmovilizado. Su finalidad es la transfiguración de la realidad histórica a través del lenguaje poético y las técnicas innovadoras que proporciona la narrativa contemporánea.

El conjunto de historias es una extensión del mundo recurrente que el autor ya había creado en su obra anterior, Las locas de la Plaza de la Almendra (Premio Nacional de Cuento 1977), que conserva indudables influencias de Rulfo, especialmente en la visión alucinatoria de pueblos fantasmas donde agonizan seres sometidos al destino. Pero esta nueva obra se sostiene gracias a la incorporación de una prosa poética fluida y un hábil uso de técnicas narrativas modernas.

Un elemento central del libro es la historia de las acciones individuales y colectivas de personajes elevados a un estatus supremo, de guerrilleros animados por una fuerza superior, casi metafísica, de hombres valientes, obligados a asumir un destino que no pueden evitar (Fortunato Bobadilla en “Respuesta a un cadáver sin flores”; Odiseo de Jesús en “La noche de los buzones blancos”). Estos personajes a veces se parecen a semidioses descendientes de algún cielo mitológico; Sin embargo, están profundamente arraigados en los conflictos de la época, aman y son amados, siempre asistidos por mujeres que son el soporte moral de sus gestas heroicas y el sentido existencial de sus luchas.

En el primer relato, “Último acoso en el bosque de canela”, el hecho principal es la huelga de los trabajadores cortadores de canela, quienes se internan en el bosque exigiendo el pago de un año de trabajo a don Policapo, el patrón, en Pasopronto, evento entretejido por el hilo de la muerte. Se denuncia la injusticia social y se destaca la solidaridad de las mujeres, fieles compañeras de los hombres en momentos cruciales. Una quejumbrosa voz femenina da testimonio de lo que está sucediendo:

«Sin embargo, olvidan que Pasopronto es un caldo de cultivo para las moscas: se posan en los párpados del ganado muerto, se arremolinan en el ano de los niños moribundos, zumban en los muslos abiertos y ardientes de las mujeres que no tienen hombres con quienes copular. Es la fatalidad, el grado más alto de la muerte, un blasón de cal que se endurece en la fachada de todas las casas» (página 11).

El resultado tiene un trasfondo amargo y trágico. Don Policarpocastrado por un caballo, ordena a sus guardias intensificar el cerco contra los trabajadores en huelga hasta que mueran de hambre. Las mujeres, formando otra valla que rodea a los soldados, prendieron fuego al campo. Entonces todos mueren, trabajadores y guardias. Elvira del Cantar introduce las voces de las otras mujeres y la suya propia:

«En realidad, nunca esperamos que el viento nos trajera su hedor insepulto por encima de la fragancia de la canela. Seguramente estaban vivas, cuando las mujeres también decidimos hacer nuestro cerco alrededor de los guardias, un cerco imposible de cruzar porque a nuestro lado estaban todas las mujeres de Pasopronto, todas sin excepción, iluminando la noche con los brazos en alto. Y lo digo, fui la primera de ellas en arrojar mi antorcha a la maleza para prender fuego al bosque de la canela · (pp. 16-17).

Algunas narrativas abordan temas como la muerte inminente y desafiante, la derrota total, la soledad total o la pérdida de un ser querido. “El Balado del Viudo Salomón”, por ejemplo, es una hermosa canción de despedida a la amada esposa, Lorenza Balbuena, que no puede procrear y que muere tras un aborto más:

«En esos momentos de convalecencia y de desconsolación, me repetía, mirándome con sus ojos chispeantes, irónicamente como una luciérnaga preñada: «Oh, Salomón, oh, Salomón, el destino cosió mis entrañas». Las criaturas concebidas, inacabadas en el útero, despojadas para siempre del aire de la vida, nunca llegaron a los cinco meses; excepto la última, que tenía siete meses y nació muerta, ensangrentada e inviable, dijo el médico, hermosa y negra, pensé, como su madre. (pág. 32).

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