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martes, septiembre 15, 2026
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La esperanza de los pedernalenses

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Por Tony Pérez

El incidente ocurrió hace casi seis años, cuando el Gobierno se disponía a intervenir. Cabo Rojo, Pedernalescon su proyecto de desarrollo turístico en alianza público-privada, pero sin un socio estratégico hasta entonces.

Mismo Cabo Rojo de bauxita, caliza, mármol, el hotel ejecutivo, Senior Staff, diseñado por el maestro de arquitectura Gay Vega; el muelle de embarque, el cruce de volquetes gigantes poco conocidos en RD, de “pasajeros amarillos” para empleados, el spa, el cine “al aire libre”, la “plei”…

Una escena muy activa desde los años cincuenta hasta mediados de los ochenta, cuando la empresa minera estadounidense Compañía de exploración Alcoa Decidió irse sin vergüenza y otras empresas llegaron sin mucha consistencia, mientras el Gobierno tiraba al pueblo al basurero del olvido sin devolverle nada al pueblo por la explotación de sus recursos naturales; ni siquiera la remediación ambiental.

Así, la pobreza multidimensional aumentó a casi el 60%. Y la reactivación económica era urgente.

Aún con el estallido de la pandemia de Covid-19, en una reunión en la capital con Simón Suárez, ejecutivo del Grupo Puntacana, le pregunté si esa empresa de desarrollo turístico en el extremo sureste de la provincia de La Altagracia, tenía planes para nuestra, en el extremo opuesto, frontera con Haití.

Fue exhaustivo: «Hay que esperar; la gente piensa que un desarrollo como Punta Cana se logra de la noche a la mañana, pero es un proceso lento. Primero se necesita infraestructura básica, vías de acceso, caminos…»

En Pedernales, hoy el Gobierno ha avanzado en la construcción del aeropuerto y tres hoteles de la primera etapa del complejo, que será administrado por las prestigiosas cadenas internacionales Grupo Iberostar e Inclusive Collection (Word the Hyatt).

Y, desde 2024, la terminal de cruceros construida sobre el muelle realizada por el alcoa a mediados de los años 50, aunque surgieron quejas comunitarias por el bajo consumo de los pocos cruceristas que eran llevados a las localidades.

En noviembre de 2025, el director ejecutivo de Pro Pedernales Trust, Sigmund Freund, dijo a la BBC británica que para 2031 deberían estar funcionando nueve hoteles para un total de 4.800 habitaciones.

Los funcionarios han anunciado distintas fechas para la inauguración del primer hotel y del aeropuerto (la más reciente para febrero de 2027, año preelectoral), pero se han mostrado taciturnos respecto de la vía vital no sólo para el turismo interno, sino para la vida de la provincia, la única de entrada y salida: Barahona-Pedernales (124 km).

La empresa Andes El tramo Enriquillo-Pedernales (74 kilómetros) comenzó en 2021 y garantizaba terminarlo en el primer mandato de Luis Abinader (2020-2024), con al menos 60 curvas eliminadas, cuatro carriles y paseos, “por instrucciones del presidente”.

Hoy, sin embargo, el final no se ve. El silencio de los funcionarios alarga la incertidumbre en los poblanos, quienes ya no toleran el polvo, los daños vehiculares, los riesgos de accidentes y las horas perdidas.

Por suerte, todavía queda una vía de escape. El GP, en escena desde mediados de este año como socio estratégico a través del Consorcio Cabo Rojo, impulsaría la finalización del tramo Enriquillo-Pedernales. La empresa española Acciona construye el aeropuerto en esa ruta, en la zona de Tres Charcos, entre Oviedo y Pedernales, y a media hora de la turística ciudad de Cabo Rojo en proceso. Es decir, se trata de una infraestructura viaria imprescindible para la movilidad turística segura.

Con las curvas cerradas actuales y sin peraltes, el viaje sería un coqueteo permanente con la muerte.

GP llega para gestionar una iniciativa considerada por el Gobierno única, en el sentido de que será sostenible, no masiva y, al partir de cero con un “plan maestro”, libre de los fracasos originales de los polos pioneros.

Pero el desafío será enorme si se trata de turismo sostenible. La deuda social con los territorios es grande y se corre el riesgo de convertirlos en lugares caóticos e inhabitables.

La capital de la provincia, Pedernales, sigue huérfana de servicios esenciales, con su inmunda cárcel en el centro y un desorden en la ordenación territorial que se profundiza con las horas. Oviedo, el otro municipio, carece de acueducto, al igual que Higüey. Parece que nunca ha olido el progreso.

Pero -como cantaba Julio Iglesias- todavía tengo esperanzas de que, al menos, la “presión” privada ayude a rematar la recta de Enriquillo.

Y se construye un centro cultural patrocinado por inversores y bancos, como parte de su responsabilidad social corporativa.

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