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domingo, octubre 25, 2026
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La democracia mejora, pero sus contrapesos siguen en riesgo. ¿Por qué?

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América Latina21

Ángel Arellano, Joaquín Danza Esmoris/Latinoamérica21

El Barómetro de las Américas 2026 ofrece noticias favorables que llaman a la cautela: después de más de una década de deterioro, el apoyo a la democracia ha vuelto a crecer en América Latina. El 65% considera que, a pesar de sus problemas, la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Son seis puntos más que en 2023 y el nivel más alto en más de diez años. El aumento se presenta en casi todos los países, edades y niveles educativos; No está concentrado en un solo sector. Además, el Barómetro de las Américas sirve como referencia clave para analizar esta tendencia positiva.

¿Reconciliados con la democracia o no?

La recuperación no equivale a una reconciliación definitiva con el sistema. Uruguay registra un 86% de apoyo y Perú apenas un 50%. Entre ambos extremos, la región vuelve a valorar la democracia, pero la juzga por resultados concretos. Quienes no sufrieron solicitudes de soborno policial muestran diez puntos más de apoyo democrático. Para aquellos que no padecían inseguridad alimentaria, nueve puntos más. Y finalmente, quienes mejoraron sus ingresos económicos tuvieron siete puntos más que aquellos cuyos ingresos disminuyeron. La democracia recupera apoyo cuando la vida cotidiana deja de empeorar, según datos reflejados por el Barómetro de las Américas.

El problema es que la mejora material no ha producido una recuperación equivalente de la confianza en el gobierno. El informe no presenta una única medida general de “satisfacción con las instituciones”, pero sí presenta indicadores precisos sobre cómo los ciudadanos experimentan el Estado. La satisfacción con los servicios municipales aumentó de alrededor del 30% en 2018/19 al 36% en 2026. Sigue siendo baja y desigual: alcanza el 52% en Nicaragua y el 50% en Honduras, en comparación con el 16% en Bolivia y el 18% en Perú. Además, sólo cuatro de veinte presidentes obtienen la aprobación mayoritaria, mientras que la solicitud de sobornos policiales se mantiene en torno al 11% o 12% desde hace una década.

El hallazgo más delicado

Apoyar la democracia no significa necesariamente defender sus contrapesos. El Barómetro de las Américas no mide directamente la aceptación de “disolver” la Asamblea Legislativa o la Corte Suprema. Mide algo diferente, pero relacionado: la voluntad de tolerar que el presidente ignore a los jueces y eluda al legislativo, manipule la ley, limite a la oposición o gobierne sin obstáculos. La precisión evita exagerar los datos, pero no reduce su gravedad.

El apoyo general a la democracia no implica necesariamente el apoyo a todas sus reglas liberales. Mucha gente dice que prefiere la democracia, pero tolera que el Ejecutivo debilite los controles institucionales. La excepción son las elecciones: quienes rechazan las normas electorales muestran sólo un 42% de apoyo democrático, mientras que entre quienes las apoyan, el apoyo se eleva al 72%. Esto sugiere que, para gran parte de la ciudadanía, la democracia está asociada sobre todo a votar, más que a limitar el poder de quien gane. En resumen, en la actual cosmovisión latinoamericana, la democracia comienza y termina con la elección del gobernante. Por tanto, el Barómetro de las Américas es fundamental para entender cómo se perciben los límites del sistema.

¿Qué significa democracia hoy?

El nuevo índice de apoyo al “mayoritarismo iliberal” confirma esta tensión. Su promedio va desde 4,46/7 en El Salvador hasta 3,36/7 en Argentina. Más del 60% de los encuestados en El Salvador, República Dominicana, Honduras y Guatemala tienen entre 4 y 7/7. En la mayoría de los demás países, al menos la mitad ocupa ese rango. Incluso en Argentina y Uruguay supera el 35%. No es una actitud marginal ni confinada a democracias en decadencia. Es una concepción muy extendida según la cual ganar elecciones permite al Ejecutivo reducir controles, derechos y voces opositoras. De hecho, el Barómetro de las Américas revela cómo este fenómeno afecta la calidad democrática.

La paradoja se comprende mejor si se analiza lo que significa la democracia para los latinoamericanos. La aplicación de la ley es la principal asociación con un 30,3%, seguida de la igualdad con un 25% y la libertad con un 24,4%. La participación ciudadana alcanza el 10,5% y las elecciones el 9,7%. La demanda social es de orden, trato justo y derechos. El riesgo aparece cuando un liderazgo presenta estos resultados como incompatibles con los límites institucionales y convierte la mayoría electoral en autorización para gobernar sin restricciones.

giro a la derecha

El llamado giro a la derecha también requiere precisión. La autoubicación en la derecha aumentó al 36% en 2026, después de permanecer entre el 31% y el 34% de 2006 a 2023. Es un aumento real, pero inferior al 41% de 2004. Hubo avances importantes en Colombia, del 29% al 40%, Panamá del 23% al 33%, Bolivia del 25% al 34%, y Brasil, del 46%. al 33%. 50%. Sin embargo, Argentina cayó del 27% al 26% y Chile sólo pasó del 23% al 28%, a pesar de las victorias de los líderes de derecha mencionados en el informe.

Por esta razón, el Barómetro no permite concluir que América Latina haya abrazado a la extrema derecha de manera duradera. Este nombre aparece asociado en el informe a candidatos concretos, mientras que la variable regional mide la autoubicación en la derecha, cuyo significado cambia en función de cada país. Lo que existe es una ola electoral conservadora más intensa que el desplazamiento ideológico de los ciudadanos. Puede expresar castigo a los partidos gobernantes, búsqueda de eficiencia o adhesión personalista sin consolidar una nueva identidad política.

La conclusión es incómoda, porque la democracia recupera apoyos, pero no necesariamente defensores de todas sus reglas. Los ciudadanos valoran las elecciones, la seguridad, la igualdad y la libertad, pero mantienen reservas respecto del desempeño del gobierno y su voluntad de relajar los controles. El desafío regional no consiste sólo en mejorar los indicadores económicos o ganar elecciones limpias, sino en reconstruir la idea de que el Congreso, los jueces y la oposición no son obstáculos para gobernar, sino condiciones para que una mayoría democrática no se transforme en poder ilimitado. Finalmente, el Barómetro de las Américas proporciona elementos esenciales para el debate sobre el futuro político de la región.

*Este texto fue publicado originalmente en Diálogo Político

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